Serguéy Аleksándrovich Yesenin


Versos Escogidos

Biografía breve

 

Serguéy Aleksándrovitch Yesenin (también traducido como Esenin) (21 de septiembre 1895 – 28 de diciembre 1925) es un genial poeta ruso, representante del “arte poético novocampesino e imaginista” en la corriente literaria de la época.

Nacido en el entorno de una familia campesina, en la aldea de Konstantínovo del distrito de Riazán, se vio envuelto en las dos revoluciones rusas que depusieron al zar y provocaron el cambio hacia el socialismo.

Su educación recibió en una escuelita del pueblo (1904–1909) y luego hasta 1912 en una escuela religiosa. En 1914 ingresa en la Universidad Popular en Moscú.

Sus versos fueron publicados por primera vez en ese mismo año de 1914.

En Petrogrado, se une a Alexandr Blok y de manera especial a los poetas llamados “novocampesinos”. Luego de la publicación de los primeros volúmenes de versos, obtuvo el reconociiento de sus contemporáneos y la fama en toda Rusia. Se hizo realmnente popular y querido. Su lírica estaba basada en los paisajes y en la vida campesina de su amada Russ, cuyo sentimiento se puede percibir en muchas de sus producciones. Escribió también versos para niños.

Queda enamorado al conocer a la bailarina Isadora Duncan (1921), con la cual contrae nupcias. La pareja viaja por Europa y Estados Unidos. Yesenin era una persona muy bien educada, leía mucho, sin embargo no hablaba otros idiomas. El matrimonio se rompe pronto (1923) y el poeta regresa a Moscú.

En sus versos de la época posrevolucionaria describió la Rusia Soviética.

Luego de 1925, su vida se vio deteriorada a causa de una fuerte depresión, dependencia del alcohol, a tal punto que hubo que internarlo en una clínica. En ese estado depresivo huye a Leningrado, en donde pasa sus últimos días hasta la fecha del suicidio, habiendo cumplido apenas los 30 años.

Sus producciones, cargadas de un enorme lirismo, amor por la Naturaleza, cercanía al campo y gran espíritu humano, han sido convertidas en romanzas y canciones que todo el mundo en su país conoce y canta.

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Adiós, Bakú, no te veré ya más

 

¡Adiós, Bakú! No te veré ya más.

La tristeza inunda mi alma; me consume el temor.

En el pecho el corazón late más fuerte, y duele,

Ahora comprendo con fuerza la palabra: amigo.

 

Adiós, Bakú! Cielo azul, montaña, ¡adiós!

Se me hiela la sangre, me abandonan las fuerzas.

Llevaré, cual signo de felicidad, hasta la muerte,

Las olas del mar Caspio, tus flores de Mayo.

 

¡Adiós, Bakú! ¡Adiós, melodía de mi juventud!

Por vez postrera abrazo al amigo…

Llevaré su figura, cual dorada flor

Que me acompañará en mis horas lilas.

 

Mayo 1925

 

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En este mundo soy tan solo un pasajero

 

A mi hermana Shura

 

En este mundo soy tan solo un pasajero,

Levanta tu mano y salúdame con alegría.

Ves, la luna de otoño es también

Callada, de acariciadora suave luz.

 

Por vez primera me caliento bajo la luna,

Primera vez que me abrigo en el frescor,

Insistente, vivo y alimento la esperanza

De un amor que no volverá nunca.

 

Soy el fruto de nuestras estepas,

De la arena salobre y blanca,

De la inocencia que nos vio crecer,

De la tristeza que nos es familiar.

 

Es por ello que no puedo ocultar

Que amar es nuestro sino;

El amor a la Patria querida

Es, tuyo y mío, el destino.

 

13 Sept. 1925

 

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¡Escuchas cómo vuela el trineo!

 

¡Escuchas cómo vuela el trineo!,

¡Escuchas cómo el trineo vuela!

Qué hermoso pasear con la persona amada.

 

El viento alegre acaricia los rostros,

Por el valle desnudo va el trineo.

 

Ah, trineo magnífico; mi caballo veloz.

Allá en el campo baila ebrio el sauce.

 

Nos acercaremos, le interrogaremos

Y juntos, los tres, como locos bailaremos.

 

3 Oct. 1925

 

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No me amas, no tienes compasión

 

No me amas, no tienes compasión,

¿Acaso no te soy simpático?

Sin fijarte en mi rostro, tiemblas de pasión

Mientras posas tus brazos en mis hombros.

 

Querida joven, de la sonrisa sensual,

No puedo ser contigo ni gentil ni grave.

Dime, ¿cuántos hombres has acariciado?

¿Cuántas manos te abrazaron, cuántos labios has besado?

 

Sé muy bien que pasaron como sombras,

No pudieron encender tu hoguera,

Tantas veces te sentaste en sus rodillas

Y ahora yaces sobre las mías.

                         

Tus ojos brillan tras los párpados semicerrados,

Tus pensamientos vuelan hacia otro ser,

Yo mismo, te amo con medida,

Olvidando a la que un día amé.

 

No le eches la culpa a la suerte,

No pienses que algo dura para siempre:

Así como nos encontramos, tan sencillamente,

Con la misma sonrisa, nos diremos adiós.

 

Y tú misma, proseguirás segura tu camino

Gastarás tus días sin remedio;

Procura no tocar a los inocentes,

Procura no dañar a los melancólicos.

 

Y cuando salgas del brazo de otro

Y pases, despreocupada, hablando de amor,

Puede ser que, en la misma calle,

Nos volvamos de nuevo a encontrar.

 

Tornando el rostro suavemente

Inclinada imperceptiblemente

Me dirás: “¡Muy buenas tardes!”

Yo responderé: ¡Muy buenas, Mademoiselle!

 

Nada perturbará el espíritu,

Nada nos hará temblar:

Quien amó, volver a amar no puede;

A quien ya ardió, no vuelves a encender.

 

1 Diciembre 1925

 

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Adiós, amigo mío, adiós

 

Adiós, amigo mío, adiós.

Querido amigo, te llevo en el corazón;

Esta forzosa y triste despedida

Es la promesa de una nueva cita.

 

Adiós, amigo mío, sin gestos, sin palabras;

No estés triste y no frunzas el ceño,-

En esta vida, morir no es nada nuevo,

Pero, por supuesto, vivir tampoco es nuevo.

 

27 Dic. 1925

 

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Poema de despedida de Yesenin, escrito con su propia sangre la víspera del día en que decidió quitarse la vida (28 diciembre 1925), en la habitación que ocupaba en el célebre Hotel d'Anglaterre, en Leningrado (actual San Peterburgo); Yesenin se quejó a su amigo Volf Ehrlich (a quien entregó los versos) de que en la habitación de hotel no había encontrado tinta para su pluma. Hasta hoy se puede ver, en la fachada del edificio, la placa recordatoria de este funesto evento, justo frente a la plaza de la Catedral de Isaac.

* * *

Qué bella era Taniusha

Qué bella era Taniusha1, más hermosa en el pueblo no había,
Llevaba fino sarafán
2 blanco con tonos rojos del día.
Junto al arroyo, detrás de las vallas, Tania camina en la tarde.
La luna juega con las nubes en la penumbra que nace.


Aparece un joven, saluda inclinando su cabeza de rizada cabellera:

“Tendrás que perdonarme, mi cielo, me caso con otra”.
Ella se ha puesto pálida como un sudario, helada como el rocío;
Su trenza se ha encogido como una serpiente asesina.


“Hey, tú, jovencito de azules ojos, sin ofender te diré,
Vine justo a confesarte: que con otro me casaré".
No son las campanas matinales que suenan, sino el llamado a himeneo,
La boda monta en carruajes, los cocheros esconden los rostros.

¡Ay! no son las Cucús que lloran, son los parientes de Tania,

Que la han visto herida de un certero golpe de puñal,

La sangre carmesí borla su frente marchita,-

Qué bella era Taniusha, más hermosa en el pueblo no había.

1 Diminutivo del nombre ruso Tatiana; otros diminutivos son: Tania, Tañka.

2 Prenda femenina rusa tradicional.

1911

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Oh tú, Russ, querida mía

Oh tú, Russ, querida mía,
Las casitas en la estepa fría…

No se alcanza a ver el horizonte-

Y se llenan los ojos de azul cielo.


Como un nuevo visitante,
Miro extasiado tus campos.
Y en el extremo inferior del pueblo
Los álamos se mecen sonoros.

Huele a manzana y miel,
En las iglesias, tu manso Salvador.
Y zumba detrás de las colinas
un baile alegre de campesinas.


Correré por sobre las matas de menta
En privol lekh verde,
Vendrán a mi encuentro, cual zarcillos,

Las risas frescas de las muchachas.


Si un grito sonara clamando en mi oído:

“Abandona Rusia, te regalamos el paraíso”

Yo respondería: “No quiero el paraíso,

Dadme la Patria mía”.

1914

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Vago tras la primera nevada

Vago por el camino tras la primera nevada,
El corazón anegado de lirios y esperanzas.

Mi sendero yace iluminado

Por el primer lucero de la tarde.

No sé si es luz u oscuridad,
No sé si canta el viento o es un gallo;
Tal vez no sea la nieve que se ha posado-

Son albos cisnes sentados sobre el prado.

¡Luces hermosa, blanca alfombra de nieve!

Tu fría escarcha aviva mi sangre.

Crece mi anhelo de abrazar con pasión

Los desnudos pechos de los abedules3.

¡Oh, bosque denso y tumultuoso!

¡Oh, alegría de los campos vestidos de nieve!

Crece mi anhelo de cerrar en mis brazos

Las mansas caderas de los sauces.

3 Los abdeules y los sauces, en Ruso son nombres femeninos. En poesía, los autores rusos utilizan con frecuencia las figuras femenina o masculina de ciertos árboles y otros elementos de la Naturaleza.

 

1917

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* * *

Despiértame temprano mañana

Despiértame temprano mañana,
¡Oh dulce madre mía!
Tengo que ir, tras la colina, al camino

A recibir a mi querido invitado.

Hoy he visto en el bosque
Un rastro de ruedas anchas sobre la hierba.
Teje el viento bajo la colcha de nubes
Su arco dorado.

Mañana de madrugada él vendrá

Pisando la flor bajo el arbusto;

Al amanecer se apresurará,
Y la yegua juguetonamente
Sobre la llanura alzará su roja cola.

Despiértame temprano mañana,
Pon la luz sobre la chimenea.

Dicen por ahí que pronto seré

Un famoso poeta ruso.

Haré versos para ti y mi invitado,

Para el hogar, el gallo y el refugio…

Y en mis canciones y poemas fluirá

La leche de tus coloradas vacas.

1917

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No me arrepiento, no imploro, no lloro

No me arrepiento, no imploro, no lloro,
Todo pasará, como la blanca flor de los manzanos.
Cubierto de marchito oro,
Ya nunca, nunca más, joven seré.

Ya no vas a latir con la fuerza de ahora,
Corazón, tocado por el frío de la vida,
Y el país del calicó y de abedules

No me verá más correr descalzo.

¡Oh, espíritu andariego! Cada vez menos y menos
Enciendes la llama en mis labios;
¡Oh, adónde han ido: mi antigua frescura,
El brillo de mis ojos y mis fogosas pasiones!


Ahora soy más avaro en mis deseos;
Vida mía, ¿será que fuiste sólo un sueño?
O es que en la ruidosa primavera
Cabalgué sobre un corcel rosado...

Somos, todos, pasajeros en el mundo;
Caen, en silencio, las hojas sepias de los arces...
Sea, pues, recordado eternamente

Quien tuvo en suerte florecer, y… morir.

1921

* * *

Arce mío desfallecido

 

Arce mío, desfallecido; Arce que luces congelado;

¿Qué haces allí, inclinado, en medio de la ventisca?

 

¿Es que has visto algo? ¿O, algo has oído?

Tal parecería que a pasear saliste por el campo.

 

Pareces un guardia ebrio que al lanzarse al camino

Se hundió en la nieve y un pie se congeló.

 

¡Ay!, yo mismo ahora parezco menos fuerte:

No llegaré a casa de vuelta del jolgorio.


Allá me topé con un sauce, más acá con un pino;

A los dos canté canciones de verano en pleno invierno.

 

Mucho me temo que me parezco a ti, Arce mío,

Solo que no desfallecido; ¿ves?, he florecido.

1922

 

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Canta, canta. En la guerrera guitarra…

 

Canta, canta. En la guerrera guitarra
Los dedos tuyos bailan estremecidos.
Dan ganas de morir en esta hoguera,

Amigo, mí último y único amigo.   […]


No sabía yo que el amor era una enfermedad,
No sabía que el amor era una plaga.
La mujer apareció y con su mirada,

Sin darme cuenta, loco me volvió.

 

Canta, mi amigo. Convoca otra vez
Nuestro anterior desenfreno juvenil.
Déjala que pueda besar a otro,
Mujer joven, mujer perdida.


Ah, pero espera. No la regaño.
Ah, pero aguarda. No la maldigo.
Déjame cantar mi historia

Al son de tus ásperas cuerdas.


Pasan mis días con aire triunfal,

Vive mi corazón en sueños dorados;

Muchas jóvenes he acariciado,

A muchas mujeres he amado.   […]


Entonces, ¿por qué debería celarla?
Entonces, ¿por qué debería sufrir?
Nuestra vida es una cama y una sábana.
Nuestra vida es un beso y un remolino.

¡Canta, pues, canta! En el fatídico girar

De tus manos veo yo la desgracia del destino.

Aunque… pensándolo bien… me río:

No moriré jamás, amigo mío.

 

1923

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Carta a la Madre

 

¿Estás viva aún, mi dulce viejecita?
Estoy vivo también ¡Tu hijo te saluda!
Anhelo que fluya sobre tu casita
La inefable luz del suave atardecer.

Me escriben que tú, con ansiedad callada,
Te has puesto triste al pensar en mí;

Me dicen que a menudo sales al camino

A esperar, en tu gabardina vieja y arrugada;

Que en la penumbra de la noche azul

Se te viene a menudo a la cabeza

La imagen de que en medio de un jolgorio,

Alguien hunde un puñal en mi costado.

 

No es verdad, querida. ¡No te aflijas!

Son tan solo tontos pensamientos.

No soy, madrecita mía, un crápula

Como para morir sin antes verte.

 

Aún sigo siendo el mismo, cariñoso y bueno,

Y es mi mayor sueño, cuando solo me encuentro,

Alejarme de esta cruel y triste realidad

E ir a verte en nuestra mansa morada.

 

Yo volveré; volveré cuando en la primavera,

Los retoños broten en nuestro blanco jardín;

Solo te pido que, al amanecer,
No me despiertes como hiciste ayer.

No despiertes lo que no ha podido ser,
No animes lo que no se hizo realidad,
Demasiado tempranas han sido las penas

Y tristezas que la vida me ha brindado.

 

Tampoco intentes enseñarme a rezar:

¡No hay, Madre, retorno al pasado!

Tan sólo tú eres mi alegría y mi cayado,

Tan sólo tú, mi inefable luz de atardecer.

 

Así pues, deja tu ansiedad lejos, olvidada,

Ya no te entristezcas por causa de tu hijo.

No salgas al camino, Madre, tan seguido,

En tu gabardina vieja y arrugada.

 

1924

 

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Habló el bosquecillo dorado

 

Habló el bosquecillo dorado
En el lenguaje alegre del abedul,
Y las grullas, en su vuelo callado,
Surcan, sin pena, el firmamento azul.

 

¿Por quién penar? Somos en el mundo como extraños:
Alguien llegará, pasará, se irá de la casa nuevamente.
De aquellos que han pasado, no ha quedado huella

Sobre las azules aguas del estanque.


De pie, solo en la desnuda llanura,
Miro cómo las grullas surcan el horizonte,

Lleno estoy de pensamientos sobre mi juventud,
Mas no me arrepiento de nada del pasado.

 

No me dan pena los años, perdidos  en vano;
No extraño del alma los claros sentimientos.

En el jardín arde, como el fuego, el árbol del serbal,

Pero no puede, ¡ay!, a nadie abrigar.

 

No se consumirán las semillas del fruto del serbal;

Por estar amarilla, la hierba no se extinguirá,

Igual que los árboles echan poco a poco sus hojas

Así, voy yo arrojando las palabras tristes.

 

Y si el tiempo, que barre la memoria,

Las junta todas en una sola saeta,

Podréis decir: habló el bosquecillo dorado

Con la dulce lengua del poeta.

 

1924

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Al perro de Cachálov

 

Dame la pata, Jim, para la buena suerte,

Una pata así no había visto nunca.

Aullemos juntos bajo la luz de la luna,

Juntos, en esta hermosa noche serena.

Dame tu pata, Jim, para la buena suerte.

 

Querido, por favor, no te pongas a lamer,

Comprende conmigo, al menos, lo más simple;

No sabes tú lo que la vida representa,

No sabes que vale la pena transitar por la tierra.

 

Tu amo es un hombre amable y famoso;

En su casa siempre hay muchos invitados

Y cada uno de ellos, sonriendo, procura

Pasar su mano por tu melena oscura.

 

Eres un perro endiabladamente hermoso,

Con esa figura de confiada simpatía

Con que, sin preguntar a nadie,

Trepas a lamer cual ebrio mozo.

 

Mi buen Jim, entre tus invitados

Ha habido de todo un poco, piel perruna,

Mas aquella que es dulce y callada cual ninguna

¿Ha venido alguna vez a visitarte?

 

Ella vendrá, te lo aseguro,

Y cuando yo no esté, mirando sus ojos fijamente

Besa su mano por mí perrunamente

Por todos mis aciertos y mis culpas.

 

Octubre 1925

 

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Bueno, bésame, bésame mucho

 

Bueno, bésame, bésame mucho,
Hasta sangrar, incluso hasta el dolor.
No va en sintonía con la voluntad fría
El furioso ardor del corazón.

 

La copa que alguien lanzó

En medio de la orgía, no recojas;

Comprende, amiga mía,

¡Solo se vive una vez!


Mira a tu alrededor con calma,
Ve: en la húmeda oscuridad
La luna, cual cuervo amarillo,
Se retuerce y gira sobre la Tierra.

 

¡Bésame, pues! Así lo deseo.

La canción de muerte ha sonado;

Ya lo sé, el planeta que gira en lo alto

Ya mi fin ha decretado.

¡Mis fuerzas languidecen!
¡Morir, pues, si he de morir!
Hasta el sepulcro he de besar

Los dulces labios de mi amada.

 

Que en el azul ensueño de la tumba,

Sin temores ni recelos,

En el canto de los cerezos

Pueda yo escuchar: “Soy tuya”.

 

Que en la copa llena de luz

No se disipe la espuma,-

Canta y bebe, amiga mía: comprende

En la Tierra, ¡sólo se vive una vez!

 

1925

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