PREFACIO

 

Cuando nos propusimos realizar la publicación de un librito bilingüe Ruso- Español, algunos editores manifestaron dudas y reparos. ¿Quién lo va a leer? ¿Para quién hacer un esfuerzo así, si pocas personas conocen el idioma? ¿A quién le va a interesar? ¿Qué utilidad puede revestir?

El problema se agudizaba aún más porque se trataba de una pequeña y novedosa publicación de textos escogidos de tres grandes poetas rusos, pertenecientes a una generación del siglo antepasado y comienzos del pasado. Decían: “Hoy día nadie lee poesía”; o, “No será fácil interesar al público”. Por lo demás, es claro que no resulta fácil lograr una buena traducción que satisfaga los gustos del público ilustrado.

Y sin embargo, aquí está el librito.

 

Este, que ahora está en tus manos, amable y condescendiente lector, es un esfuerzo sincero por acercarte a las cumbres de la poesía rusa,- tan poco conocida y difundida en nuestro medio,- de la mano de aquellos que son considerados las tres grandes cumbres de la poesía en los 100 años que transcurrieron durante los siglos XIX y XX, y que calaron hondo en el espíritu del pueblo y en su historia. Se trata de Aleksandr Pushkin, Mijail Lérmontov y Serguéy Yesenin, cuyos versos ahora los puedes leer y disfrutar, conocer y meditar sobre su contenido, apreciar y profundizar sus mensajes y lírica.

No es nuestra intención alcanzar fama o reconocimiento; peor todavía lograr ventajas reñidas con los objetivos de la cultura. Si este trabajo logra interesar a los niños, a los jóvenes, a un grupo- aunque sea pequeño- de amantes de las lenguas y de la poesía, nos sentiremos enteramente reconocidos y contentos de haber contribuido al fomento de la espiritualidad, la cultura, el conocimiento mutuo y la amistad entre los pueblos de habla española y lengua rusa.

 

UNA EXPLICACIÓN NECESARIA

Aleksandr Pushkin es el fundador de la lengua rusa moderna; como prosista abrió a sus contemporáneos una lengua renovada, y como poeta interpuso y creó nuevas fuentes de inspiración. Ese es su gran valor. Intérprete fiel y digno del carácter nacional, fue acogido con entusiasmo y amor por sus contemporáneos.

En cuanto a Europa, América y gran parte del mundo occidental, lamentablemente no ha tenido la misma repercusión a lo largo de la historia. Salvo algunos casos, que han contado con traducciones resonantes (al Inglés y al Francés, en particular) no se encuentran publicaciones que permitan conocer a este escritor romántico y realista.

 

España y los países amerindios, los de lengua española, no hemos tenido un esfuerzo de una pluma que abordara su traducción del Ruso, con lo que nos hemos mantenido lejos de las delicias, en general, de la poesía rusa y, en particular, de este singular poeta cumbre del arte en su idioma.

 

Ahora esta tarea ha sido abordada. Mas, ¿se podrá afirmar que ha sido cumplida? El autor de esta traducción está consciente de las dificultades inmensas de poder cumplir con una tarea de tal magnitud. ¿Quién se atreverá a decir que “puede traducir fielmente” a Pushkin? No es tarea fácil; demanda un esfuerzo especial y especiales herramientas. Únicamente los espíritus vulgares pueden llegar a creer que para “traducir a un poeta” es suficiente “poner sus versos” en otro idioma, sin tener que inquietarse por la fisionomía, por los detalles del pensamiento, por las expresiones que corresponden a un estado de ánimo y a un entorno determinado, además del carácter propio del pueblo ruso y de su naturaleza circundante, los movimientos del alma y los movimientos sociales, y las mil y una finuras del estilo.

Se requiere una viva inteligencia y una sensibilidad aguda para “escribir” los versos que el poeta ha creado revolucionando, él mismo, el idioma ruso; y también una pluma hábil para “traducir” lo que el poeta quiere expresar y expresó tan bellamente en el original, trascendiendo los tiempos. Por decirlo de alguna manera, Pushkin es en Rusia lo que nuestro Rubén Darío en Nuestra América. Para poder expresar, en Español, la enorme riqueza, los dinámicos giros, la profundidad de la lengua rusa, habrá que cumplir, al menos, dos condiciones: el conocimiento perfecto de la lengua, y una compaginación, lo más profunda posible, con el alma rusa.

La riqueza literaria de los rusos es ampliamente conocida en el mundo entero y en esta parte de América, a través de los grandes literatos en prosa. Ese es un punto que no se discute. No ha pasado lo mismo con la poesía. Algunas traducciones que se encuentran disponibles han hecho un trabajo interesante y necesario, poniendo en manos del lector los versos y poemas, en un esfuerzo enfocado a abrir las sendas del conocimiento, pero no han podido rebasar las limitaciones de diversa índole. En unos casos, han principalizado la rima en detrimento de la fidelidad con el texto original; en otros, han priorizado la melodía dejando de lado el espíritu y el contenido y, finalmente, han llegado a tergiversar el fondo en aras de transmitir, tal como suena en la lengua de Cervantes, la métrica y el canto poético. Hemos de constatar, también, que ciertas traducciones al Español han sido hechas no del original Ruso, sino de fuentes existentes en Francés o en Inglés, con lo cual- como se comprenderá-se introduce una nueva dificultad intermedia.   

Vale decir que la lengua rusa es una de las más difíciles. Como elemento curioso, diré que inclusive para los mismos rusos, para aquellos que no hayan podido tener la oportunidad de una educación seria, el idioma resulta no pocas veces difícil. Pero inmensamente más complejo ha resultado comprender el alma rusa, el carácter de este pueblo y sus giros poéticos. El Ruso es un idioma fuerte, a la vez rudo y sensible, delicado y expresivo, que refleja un alma compleja y complejizada, una historia rica en vivencias y esfuerzos, muchas veces heroicos, una lengua cuyos giros e imágenes son muy propios, en sus orígenes, sus accidentes y su espíritu, una lengua que dificulta las analogías que se pueden encontrar en lengua española.

El traductor de los versos que ahora se presentan al público está perfectamente consciente de estas dificultades y de sus propias limitaciones. Sin embargo, se ha puesto a la tarea con la intención de suplir un espacio vacío y una necesidad: poner en las manos del público sensible e ilustrado la riqueza y maravilla de la poesía rusa, manteniendo la fidelidad de las figuras y las expresiones. Por ello, deja en claro que una traducción del más grande poeta ruso (y de las otras dos cumbres de la poesía: Lermontov y Yesenin) exige un conocimiento íntimo y profundo no solamente de la gramática o del vocabulario ruso, sino también de los nuances, los intríngulis y finuras de la lengua; exige también una relación especial hacia el poeta mismo y hacia el pueblo al que representó y llevó a las más altas cumbres de la poesía. Es posible, quizás, que nuestro pueblo parlante en Español, pueda así acercarse al más grande poeta ruso, y pueda reconocer el valor y la originalidad de la poesía rusa.

Que nadie crea, pues, que se puede estar satisfecho con el trabajo. Mientras más avanzo en el estudio de Pushkin y de la poesía en Ruso, más me admiro de la suerte de poder leerlo en el original y de las tremendas dificultades y falencias de leerlo en Español. Pero si no lo hacemos, habremos perdido la maravillosa oportunidad de entrar en contacto con una de las manifestaciones más sublimes del alma del pueblo ruso y de la Humanidad toda.

 

Antón Amaruñán

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