¡CUBA. AYÚDANOS!

El Coronavirus (COVID-19) ha despertado al viejo continente, el viejo que dormía sosegado, ajeno a los avatares de los demás integrantes de la humanidad, la Europa del “Siglo de las Luces” entró a terapia intensiva. Un virus, pariente de otros coronas, se ha presentado, algunos entendidos lo relacionan con una nueva “guerra fría” dirigida a dos potencias China y Rusia, pues el imperio perdió espacio comercial, económico y financiero en el mercado mundial, su moneda no es garantía.

Sí, el continente que no pedía, sino imponía. Impuso el colonialismo en el Continente Madre; para entonces, no era pobre, lo dejaron pobre. El “viejo” que le entregó al mundo un Cervantes con su Quijote, una imponente torre Eiffel, el viejo, cuna de un inmenso  Renacimiento Cultural, un Bonaparte que conquistó  casi el mundo. La poesía de Baudelaire, Verlaine, Rimbau, Mallarmé… Fuente de las revoluciones que cambiaron el orden social, político, filosófico e ideológico del planeta. El continente de las grandes mujeres: Clara Zetkin, Dolores Ibarruri, Valentina Tereshkova… Pero ese continente,  también anidó engendros de alma y de mente, xenofóbicos, vergüenza para la humanidad: Hitler, Mussolini, Heydrich y otros.

Esa Europa, que en pleno S. XXI  le ha negado el derecho a ciertas naciones a su autodeterminación, a vivir la soberanía que escogieron por voluntad propia (Cuba- Venezuela-Nicaragua- Bolivia y más), esa Europa que ha empujado al Tío Sam a aplicar medidas económicas, comerciales y financieras de lesa humanidad contra estos pueblos, esa Europa,  hoy –ante la crisis pandémica del COVID-19,  se refugia en el avance científico de estas sociedades, en especial de Cuba y Venezuela. Cuba les llevó a los chinitos  la medicación INTERFERON ALFA 2B  y eliminaron al COVID-19, su inventor es el científico cubano Luis Herrera.

 

Hoy el ejército de “Batas Blancas” como bautizara el Cdte. Fidel a su cuerpo de médicos que recorre el mundo levantando “Lázaros”, es aclamado en España; y Lombardía-Italia lo llama para que vaya en su rescate, allá están, cumpliendo con el principio del Internacionalismo Proletario, el principio de la Solidaridad Internacional bajo la atenta mirada de su creador el Cdte. Fidel.

 

Algunos minúsculos cerebros, que fueron infectados con el COVID-19, antes que éste aparezca; se dieron el lujo de expulsar a las misiones de médicos cubanos (Brasil, Bolivia, Ecuador); pero, como dice el pueblo, se han dado con la piedra entre los dientes. En estos momentos el arrepentimiento de Bolsonar(s)o frente a esa mala decisión es inconsolable. De fuentes únicas se conoce que está pidiendo el retorno de la misión  de médicos cubanos y su medicina milagrosa. Y los médicos latinoamericanos formados en las Universidades Cubanas (Escuela Latinoamericana de Medicina. ELAM) están al frente. En Ecuador hay miles, todos ellos y ellas acorazados por el servicio u principio humano, fármaco base para la cura de toda enfermedad en cualquier paciente.

Lo que es cierto: el mundo se ha dado cuenta del éxito de la ciencia médica y los fármacos de Cuba. Que ni el criminal bloqueo ha detenido el avance científico en la Isla de la libertad, que toda  información negativa  por parte del imperio y de medios vendidos a él, son puras mentiras. Hora de aplicar las decisiones de los 191 países, de los 193 que integran la ONU, “Eliminación del bloqueo criminal contra Cuba.

 

Ahora la juventud y la humanidad del siglo, del momento siguen coreando: YO SOY FIDEL, YO SOY CUBA.

 

Eres grande Cuba de Martí y de Fidel.

Autor: Máster Galo Edmundo Quispe Ruiz

Publicado: 20 de marzo de 2020

Nota aclaratoria: Las opiniones expresadas en el artículo aquí publicado son de entera responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan el pensamiento y posición oficial AEPEREACU.

PONTE ONCE.

TEMBLÓ ECUADOR!

El afamado periodista Norteamericano John Reed, publica su trabajo, en 1919, DIEZ DIAS QUE HICIERON TEMBLAR AL MUNDO; donde hace una reseña vivencial, real, objetiva de los acontecimientos y triunfo de la Revolución Rusa en Octubre de 1917, como la Historia lo recoge, dividió el planeta en el campo del socialismo y, el capitalismo, hasta el siglo XX.

Es este rincón del mundo, en tierras del Tahuantinsuyo, como lo conocieron los españoles de la época, 12 0ctubre de 1492, en tierra de los Quitu-Caras, tierra de Espejo, de las Manuelitas, de Puruhaes, Panzaleos, Cañaris, Mantas, Chirijos, Huancavilcas, Huaorani, Cofanes, Taromenanis, Quichuas, Éperas, Secoyas, Shuar…y muchos más; también tembló la tierra, de Latinoamérica y del mundo. Hecho inédito en el siglo XXI. El único LENIN, verdadero revolucionario que conozco, Vladimir Ilich, decía que las revoluciones se producen cuando “…las élites, los de arriba, ya no puedan dominar y el pueblo, los pobres, ya no quieran ser dominados…”, es que, entonces, este fenómeno dialéctico tendrá que concretarse, en algún momento, en nuestro país y en el planeta. El mundo tiene que ser rojillo, era el pensamiento de Augusto Monterroso: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí” (cuento más corto de la literatura).

“La historia del mundo, es la historia de la lucha de clases” –Manifiesto del Partido Comunista, Carlos Marx. Pensamiento que no ha pasado de moda, pues el problema es económico, político, ideológico, social, cultural. Es, quién maneja el Estado y el Gobierno: “O la empresa pública (gobierno anterior) o la empresa privada (gobierno actual) y, los resultados de aquello: Beneficios para los 16 millones en salud, educación”, trabajos BIEN REMUNERADOS, respeto a la DEMOCRACIA –entendida como el poder en manos del pueblo…, o, eliminación de derechos laborales, reducción de remuneraciones, privatización de los derechos básicos (salud, educación), desocupación en gran escala (estado obeso), en fin eliminación de todos los derechos, pues no “hay almuerzo gratis”… Presencia de chulqueros que imponen sus pretensiones económicas.

En este cuadro pictórico, parecido al infierno de la Divina Comedia, se desarrolló una protesta indígena, de trabajadores, de funcionarios públicos relegados, de pueblo de la clase media hacia abajo, que son los que reciben la carga tributaria de la eliminación de los subsidios a los combustibles a pesar de no tener carro.

 

Una acción causa una reacción y si es mal tomada mucho más. Lamentable, que “personalidades intelectuales” se hayan puesto al servicio de los “amos de la humanidad”. Está rodando un audio de un intelectual que asesora al ejecutivo y entre otras cosas dice: no le des nada a los indios ni al FUT, si ahora cedes te van a pedir más, lo que hay que hacer es corromper al Mesías (FUT) y dividir a la CONAIE. Los medios de comunicación no quieren votar al presidente, ellos nos van a ayudar, y  la clase media alta te está apoyando, tienes que frenar a toda costa el movimiento, entonces puedes acusar de delincuentes a los correístas,  la preocupación si está en las FF.AA…. Este intelectual, dizque socialista, más parecido a SOCIOLISTO, con claros indicios de fascista ha estado tras bastidores cual titiritero, moviendo hilos políticos y de corrupción.

En referencia a cuando los “intereses especiales” (clase obrera, jóvenes, mujeres, campesinos, pueblo marginado) entran al ruedo político, Noam Chomsky (“Quién Domina el Mundo”, pág. 18) escribe: “Hay que distinguirlos de aquellos que Adam Smith llamó “Amos de la Humanidad”. Que son los “principales arquitectos” de la política gubernamental y que buscan su “infame máxima: “Todo para nosotros y nada para los demás” El papel de los amos en el ruedo político no se condena ni se discute…presumiblemente, debido a que los amos representan el “interés nacional”…

Autor: Máster Galo Edmundo Quispe Ruiz

Publicado: 29 de octubre de 2019

Nota aclaratoria: Las opiniones expresadas en el artículo aquí publicado son de entera responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan el pensamiento y posición oficial AEPEREACU.

¿Homo[1] Sapiens Homini Lupus?

 

Vivimos en una sociedad real, concreta, en un tiempo determinado, bajo condiciones objetivas en el entorno natural y en el social.

Cada uno de nosotros,- nos agrade o no,- somos la mitad producto genético y la otra mitad producto de la educación, el ejemplo, las costumbres. Al vivir en sociedad adquirimos aquello que nos corresponde, nos impacta, tiene influencia sobre nuestra psiquis, nuestra personalidad y cosmovisión. Cada uno se da perfecta cuenta de que no somos seres aislados, aunque muchas veces sí egoístas, individualistas. Persiste toda una discusión sobre el valor de la individualidad y la necesidad de la colectividad y, aunque nos acerquemos a descifrar el acertijo de la Esfinge, aún estamos lejos de una solución.

 

Como especie, somos el mayor peligro para la Tierra y para nosotros mismos, para nuestra propia supervivencia. Mientras exista el sistema que se basa en la mercancía, no habrá manera de salir de este atolladero: será indispensable que la Humanidad rebase este estadio social histórico para que la situación realmente cambie. Ya hubo intentos (y los hay, incipientes) de transformar las estructuras sociales,- y, por tanto, el comportamiento humano hacia esferas más elevadas,- intentos que procuraron el cambio y que, lamentablemente, fracasaron o se encuentran en una encrucijada histórica.

 

Vivimos en una sociedad basada en la mercancía y en el dinero- ese es nuestro infortunio como individuos y como comunidad. Desde la Revolución Francesa, a lo largo de decenios, un par de centenas de años, se ha ido desarrollando un tipo de sociedad que, cada vez con más fuerza, prioriza el capital antes que al ser humano, fomenta las desigualdades e injusticias, provoca la acumulación de la riqueza en pocas manos, y la pobreza, miseria y exclusión en las grandes masas de la población. Yo nací en el seno de una familia pobre, una familia obrera. Con el fruto del tenaz e incansable trabajo de mi padre no nos alcanzaba ni para llegar a ser clase media. Estábamos condenados a la pobreza, y con ella, a la falta de educación, oportunidades, mínimos estándares de bienestar y acceso a la cultura. Miles de familias ecuatorianas vivían así y aún hoy sobreviven así. Esta es la sociedad capitalista, la sociedad de las desigualdades, la de la libertad para que unos pocos se enriquezcan y exploten a los demás, la de los derechos de los dueños del capital, banqueros, empresarios y negociantes, la de la libertad de expresión para los dueños de los poderosos medios de desinformación, la de las oportunidades para los arribistas y corruptos, la ideal para la iniciativa privada de los “genios y talentos” de diversa índole que subirán a las altas esferas por hacer dinero y con él podrán reproducir más y más dinero, la sociedad de la acumulación de capitales y reproducción de la miseria, la ignorancia y todos los males asociados: racismo, violencia, guerras, depredación, desastre ambiental, desequilibrio ecológico, prostitución y violencia contra las mujeres hasta llegar al feminicidio, odios religiosos, rencillas étnicas y exterminio, peligro inminente de una guerra nuclear, explotación de naciones pobres por parte de naciones ricas, desigualdad en el desarrollo tecnológico y científico, desmesurado gasto en armamento, falta de servicios de salud, educación, cultura (¡la lista es enorme!). En fin, es la sociedad en donde aún prevalece la máxima latina Lupus est homini homo. Porque no puede ser de otra manera si lo importante es hacer dinero, “ganarse el pan”, fraguar riqueza a toda costa, aún a expensas de pisotear a los demás; si lo vital es comprar y vender mercancías, inclusive mercancías que van contra la Naturaleza y contra la vida (armas); si de lo que se trata es de subir y subir en la escalera social hasta ser millonario y salir en las páginas de las revistas. Sí, todo es mercancía: los objetos, la salud y las medicinas, la educación y los libros, los migrantes, los niños y las mujeres, la conciencia y los jueces, los abogados y los congresistas, los puestos en el gobierno y las canteras de minerales, la tierra para cultivar y las viviendas, el agua y los alimentos, y la vida misma desde que naces hasta que mueres. Ese es el sistema…

 

La pregunta que se han hecho los filósofos y estudiosos desde hace mucho tiempo es: ¿y no será que existe y es posible otro tipo de sociedad?

 

De acuerdo con los estudios de la Historia y las disciplinas económicas, existe otro tipo de sociedad, superior al capitalismo: es precisamente la sociedad en que el hombre deja de ser lobo de sus semejantes.

 

Esa sociedad está basada en otros principios. La construcción de un tipo de sociedad así se ensayó a partir de la gran Revolución de 1917 y tuvo repercusiones e impactos mundiales que transformaron la época. El proceso, con altibajos, éxitos y fracasos, se sostiene hasta hoy y seguirá avanzando porque la Humanidad no puede detenerse, no puede estancarse en este marasmo de males que es la actual sociedad capitalista. Ciertamente, el capitalismo ha demostrado que en su momento histórico fue un cambio necesario, con avances significativos, pero que hoy se ha convertido en una traba, un sistema agotado que no da más, y que debe ser cambiado.

 

Ciertos principios de la nueva sociedad que, paulatinamente, al empuje de las clases trabajadoras, se han ido introduciendo en la práctica en numerosos países y que demuestran gran vitalidad, son: educación gratuita y de calidad, servicios de salud universales, gratuitos y de gran tecnología que nada tienen que ver con el “negocio” de la salud, promoción del deporte y la cultura como necesidad y derecho de las grandes masas de población, en donde encuentra realización democrática cada individuo y todos en un mismo andarivel, infraestructura de alta calidad y cobertura, difusión y acceso a la ciencia y el desarrollo tecnológico, mayor democratización política y amplia participación en las decisiones importantes para el conglomerado social, apego a una forma de producción más ecológica y respetuosa con la Naturaleza. Existen otros principios que necesariamente no son aplicados pero que constan en la agenda de los países, en unos casos más en otros menos, como son: la solidaridad, el respeto a los derechos de diversa índole, normas de igualdad, equidad y justicia, anhelo de la paz y sana convivencia, etc., etc. Los países que han logrado hacer prevalecer estos principios están más cerca de la nueva sociedad anhelada. Por ahora, no nos ocuparemos de las diversidades políticas y de gobierno, puesto que hemos de poner el énfasis en las bases imprescindibles para la construcción de la nueva sociedad basada en el ser humano.

 

Después de la Gran Revolución de Octubre de 1917 el mundo entró en una época luminosa, en una nueva era de desarrollo. Los obreros, campesinos y grandes masas de la población,- los pobres y excluidos,-  tomaron el poder político y se empeñaron en la construcción de una nueva sociedad basada en nuevos principios de propiedad comunitaria, igualdad, humanismo, solidaridad entre los hombres y las naciones, paz entre los pueblos, verdadera valoración del trabajo humano, distribución equitativa de la riqueza, exaltación de la cultura, la ciencia, el arte y las letras, dotación de infraestructura y servicios para todos, provisión de educación, salud, vivienda y otros servicios vitales para una vida digna de manera gratuita y obligatoria, abolición de las desigualdades sociales y del concepto de mercancía en las relaciones de producción, de manera que todos tuvieran asegurada una vida digna y el derecho al bienestar.

 

Esta tarea, que quedó truncada, está pendiente todavía. Ciertos países más desarrollados, a la par con los esfuerzos en ciertas regiones determinadas del planeta, se encuentran volcados en esa dirección, que será la determinante en los años venideros. La experiencia demuestra que, aún con los errores cometidos (fruto del desconocimiento, la falta de experticia y otros factores de carácter objetivo y subjetivo sobre cómo construir la nueva estructura y dinámica social), las prácticas, leyes y políticas introducidas y el camino andado con enormes sacrificios y casi a tientas han señalado la ruta que se debe seguir para pasar del horror que significa el sistema de mercado hacia más altas esferas de modos de producción y participación en la riqueza y el bienestar individual y colectivo.

 

Esta ruta,- que siempre necesita de iniciativa, voluntad y correctivos,- claramente está iluminada por los principios que ya fueron sentados, probados, experimentados (en unos casos con mayor éxito y, en otros, con temporales y circunstanciales frustraciones) y que han servido para que algunas naciones y conglomerados sociales definan una nueva manera de producir, intercambiar y vivir aprovechando de manera adecuada los recursos naturales, la tecnología, los grandes avances del conocimiento, la ciencia y las artes.

 

Nada de lo que hace el ser humano, ningún camino transitado, ninguna experiencia vivida es en vano. El hombre aprende en los aciertos y en los errores. El desarrollo de la Humanidad es ascendente y, aunque momentáneamente parecería que existe un retroceso, es claro que avanzamos y que se abren las grandes alamedas, tal como lo soñaron cientos y cientos de hombres que entregaron lo mejor de su pensamiento y su obra para que las nuevas generaciones pudieran, sobre sus hombros, construir una nueva sociedad. Nosotros somos el producto y la herencia de lo que aquellos seres humanos construyeron y tenemos la obligación de transformar el mundo y acercarnos al objetivo que contradice la actual condición.

 

Durante algunos años,- probablemente los de mayor auge, desarrollo y entusiasmo,- me tocó vivir una experiencia inolvidable en aquel país (que ya no existe más) en donde se desarrolló una de las más impresionantes experiencias de la Humanidad en pos de la utopía. Constaté de manera personal los grandes avances que habían sido capaces de ejecutar en pocos años y en condiciones adversas en las más diversas esferas de la vida. Pude ver también los errores, pero debo afirmar que los logros eran inmensamente mayores y notables que los traspiés y desaciertos. Podría citar cientos de ejemplos, pero faltaría espacio en este artículo. Los interesados podrán consultar muchas páginas en los anales de la Historia. Baste decir que en ese período se alcanzaron cumbres espléndidas e irrefutables en la ciencia y los viajes espaciales, en las brillantes producciones artísticas, en los gestos de amistad y solidaridad con los pueblos, en las luchas de liberación nacional y eliminación del oprobioso colonialismo, en las faenas de educación y apoyo a los pueblos para la formación de cuadros profesionales y técnicos, en el fomento de la masificación y potenciación del deporte y la cultura, en la construcción de infraestructura, equipos, fábricas, hospitales, la industria energética, en la lucha por la paz y la conquista de los derechos universales. Fue el Ejército Rojo, a un precio altísimo de 20 millones de vidas de sus mejores hombres y mujeres que derrotó al fascismo y libró a la Humanidad de esa maquinaria de muerte y dolor. El capitalismo ni para eso sirve; es un sistema que produce armas, genera conflictos, fomenta la violencia, inventa guerras para ganar dinero en su industria de armamentos a costa de la vida y sufrimiento de muchos pueblos. No habrá paz sobre el planeta mientras persista el capitalismo con su macabra maquinaria de armas y guerras y su intrínseca codicia. Sólo la nueva sociedad, basada en el humanismo podrá derrotar las guerras, eliminar las fábricas de instrumentos de muerte y establecer una paz definitiva entre los hombres y entre las naciones.

 

Toda obra humana es perfectible. Las leyes de la economía y el desarrollo social actúan de manera independiente a la voluntad humana y, tarde o temprano, se manifiestan con inusitada fuerza. Nada es eterno ni está establecido una vez para siempre. Todo el proceso de cambio, avance y perfeccionamiento de la sociedad es ineludible. No porque demore en nacer, la nueva sociedad dejará de llegar; no porque demore en morir, la vieja sociedad va a permanecer. El día llegará en que, contradiciendo a Plauto, pueda el Hombre Nuevo, el Homo Sapiens Sapiens, sepultar finalmente la sentencia de que Homo Homini Lupus.      

[1] Homo homini lupus, (latin) Lobo es el Hombre para el Hombre, frase acuñada por el filósofo y comediante latino Plauto (254 antes de nuestra era)

Autor: Antón Amaruñán

Publicado: 08 de septiembre de 2019

Nota aclaratoria: Las opiniones expresadas en el artículo aquí publicado son de entera responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan el pensamiento y posición oficial AEPEREACU.

Los migrantes

 

Cuando los conquistadores de Estados Unidos se lanzaron a la ocupación del Oeste, arrebatando a los indígenas sus grandes territorios y relegándolos a reservas controladas, estaban repitiendo lo que hicieron con ellos los grandes propietarios en el norte de Europa y que los motivó a emigrar a América. Les quitaron sus tierras, casi acaban con su cultura: los condenaron a vivir en la miseria.

 

Después, se apoderaron de casi un tercio de la zona norte de México y ya no pararon en esa política de despojo en dirección Oeste, atrapando en sus redes a Guam, Filipinas y Hawái, mientras en el sur se apoderaban de Cuba y Puerto Rico.

 

Desarrollaron teorías descabelladas como la doctrina Monroe y el Destino Manifiesto para tratar de justificar su inconducta. Se apoderaron de los negocios más lucrativos en Centroamérica y establecieron los monocultivos en la mayoría de países. La gente comenzó a hablar entonces de la ¨Mamita Yunai¨, que los castigaba si osaban enfrentarla.

 

Proliferaron las compañías norteamericanas agrícolas y petroleras que rápidamente controlaban los mercados y se asentaban con generosas concesiones en toda Latinoamérica.

 

A donde iban, las corporaciones del nuevo y poderoso imperio, controlaban que la mayoría de las poblaciones no hicieran nada que afectase sus negocios y, en consecuencia, frenaron el desarrollo de estos pueblos. A la larga, en estas naciones aumentó la pobreza, la delincuencia, los conflictos y, finalmente, la migración de la que ahora se asustan. Ahora los pobres y desplazados, que ellos con sus políticas y acciones devastadoras, violentas y depredadoras ayudaron a formar, quieren ir a buscar el trabajo que no hay en sus países justamente en los Estados Unidos.

 

Recuerdo que un ciudadano de África nos decía: nosotros éramos pobres y llegaron los ricos de Europa y América y nos ofrecieron dinero para desarrollarnos. Ahora seguimos pobres y más pobres que antes, porque tenemos que pagar las deudas de los préstamos que no sirvieron para nada.

 

Y los africanos tratan de buscar trabajo emigrando principalmente a Europa y a América. No hay día en que los noticieros no hablen sobre los naufragios, las muertes de cientos de africanos, las tragedias de familias enteras en su travesía por el Mediterráneo en busca de mejores condiciones de vida.

 

Cuentan que el Presidente de China, en conversación con el ex presidente Obama, le había dicho: “el tren rápido transcontinental que pronto cubrirá a toda China ha sido construido en los últimos años como una enorme inversión, que busca el desarrollo integral de nuestro país y que no ha sido posible en su país, porque todo el dinero que para esta obra se necesita, ustedes la han malgastado en 37 guerras que solo han beneficiado a los fabricantes de armamento”.

 

El alto grado de desarrollo que, en su momento, alcanzó Estados Unidos, que formó una fuerte clase media, y el hecho de que la segunda guerra mundial no se llevó a cabo en su territorio (pero que devastó a otras muchas naciones), evitó que al igual que otras potencias imperialistas, sufriera las devastadoras consecuencias de la maquinaria bélica fascista. Pero ahora las condiciones del mundo van cambiando. China superó a Japón como el segundo país con mayor desarrollo económico y pronto desplazará definitivamente a Estados Unidos. Europa dejó de ser un aliado que escuchaba y acataba todo y ahora vela por sus propios intereses en primer lugar. Las fuerzas democráticas de izquierda en los Estados Unidos ya están pensando en invertir más en educación y salud, en normar los gastos desmesurados en armamento, en tratar de evitar los conflictos y dejar de pensar y actuar como el policía del mundo. Y la acusación de que estas nuevas voces son socialistas, que los hubiera golpeado y derrumbado en el pasado, hoy día como que deja de tener ese efecto en la opinión pública, que comienza a pensar diferente en un mundo altamente interconectado.

 

A los republicanos, demócratas y demás fuerzas supremacistas y reaccionarias en Estados Unidos, les queda el recurso de gritar contra la migración, de construir vallas, de acusar a los migrantes de todos los males. Pero tarde o temprano tendrán que reconocer que fueron los migrantes quienes construyeron las bases para que ellos mismos pudieran existir y gozar de bienestar y las riquezas con las cuales promueven las guerras y la construcción de muros.

 

La Tierra es de todos los seres humanos,- indivisible y solidaria. Todos tenemos el derecho a trasladarnos y escoger el mejor lugar en donde vivir, trabajar y compartir los bienes que la vida nos ofrece, con dignidad, hermandad y solidaridad.

 

Autor:  Danko l’Espejo (seud.)

Publicado: 26 de agosto 2019

Nota aclaratoria: Las opiniones expresadas en el artículo aquí publicado son de entera responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan el pensamiento y posición oficial AEPEREACU.

El Excepcionalismo Estadounidense y su Inocencia

 

Reseña sobre el libro

Escrito por: David William Pear, Julio 5 de 2019

Publicado originalmente en Inglés en "Information Clearing House

Traducido por: Antón Amaruñán

 

Introducción

 

El presente artículo, que ponemos a consideración del público, es una traducción del Inglés del trabajo aparecido en Information Clearing House, escrito por David William Pear, que es una reseña sobre el libro de Roberto Sirvent and Danny HaiphongAmerican Exceptionalism and American Innocence: A People's History of Fake News—From the Revolutionary War to the War on Terror.  Las Notas de pie de página corresponden a la Traducción.

 

David William Pear, graduado en Ciencias Económicas en la Universidad de Maryland, es un columnista progresista que escribe sobre temas económicos, políticos y sociales.  David es miembro de Veterans for Peace, St. Pete for Peace, CodePink y el Movimiento de Solidaridad Internacional. Un archivo extenso de los escritos de este autor se puede encontrar, entre otras fuentes, en https://www.globalresearch.ca/author/david-william-pear.

 

Lo interesante del artículo a continuación, aparte de la profundidad del  análisis, es que su autor es un miembro muy activo de la sociedad estadounidense, conocedor como el que más, desde lo interno, de esa sociedad: su cultura, su pensamiento, su modo de ser y su historia. Es usual, entre muchas personas, creer que son los “enemigos” de Estados Unidos quienes desentrañan sus defectos y  hasta “magnifican” sus maldades; por ello, tiene mayor significado e impacto el que una voz autorizada de ese propio conglomerado social sea quien ponga en evidencia las raíces de su historia y los fenómenos sociales y políticos que la acompañan.

 

Esperamos, pues, que esta lectura sirva para develar la verdad y convocar a la reflexión.

 

La Reseña

 

Los escritores Roberto Sirvent and Danny Haiphong han explorado la esencia y procedencia de los mitos, leyendas y malditas mentiras que acompañan la historia de los Estados Unidos de Norteamérica (EUN) en su reciente libro El Excepcionalismo Estadounidense y su Inocencia: Una Historia popular de falsas noticias: de la guerra de Independencia a la guerra del Terror.

 

Los autores han echado una mirada en el armario de los secretos históricos de Estados Unidos para ponerlos al descubierto. Han derrumbado las cosas inventadas, poniendo sobre el tapete la explicación de porqué los EUN siempre niegan su propio mal comportamiento, proyectándolo y atribuyéndolo sobre las demás naciones.

 

A lo largo de los siglos, los EUN han desarrollado una ilusión de su grandeza. Se imaginan a sí mismos como indispensables y excepcionales, a diferencia de cualquier otra nación que ha existido sobre la faz de la Tierra. Ese excepcionalismo, para ellos, significa no tener que pedir disculpas ni pagar por sus errores. Ser excepcional significa que eres la ley. Eres el policía del mundo y eres, a la vez, el juez, el jurado y el verdugo.

 

Para poner en práctica su “excepcionalismo”, los EUN han construido unas poderosas Fuerzas Armadas. El precio de ese poderío militar ha sido la negligencia y el olvido del pueblo estadounidense. Estados Unidos es adicto al militarismo y la violencia. Desde su fundación misma Estados Unidos es un país violento. Usó la violencia para ocupar las antiguas tierras de los indígenas y de otros pueblos, para independizarse de Gran Bretaña y su Gobierno la sigue utilizando para tratar de dominar el mundo. Para ello, ha sostenido y propagado que Dios está de su lado, y que es inocente de cualquier fechoría. Inventaron, a su conveniencia, simple y llanamente, la teoría de que es el Destino Manifiesto el que determinó que debían convertirse en un imperio. Los estadounidenses se han visto a sí mismos como realizadores de una misión civilizatoria en nombre de Dios.

 

El mito del Destino Manifiesto

 

Las películas que glorificaban y mostraban el lado romántico de la conquista del Oeste norteamericano fueron una herramienta temprana para propagar esta teoría y justificar el expansionismo. Una de las primeras películas mudas fue un Western producido en 1903 bajo el título “The Great Train Robbery[1]. Desde el inicio, la industria cinematográfica se ocupó de crear falsas historias, falsas narrativas y mitos.

 

Un espectáculo de cine mudo de 1915 fue el titulado “The Birth of a Nation”[2], el cual presenta falsamente la Guerra Civil y la Era de la Reconstrucción. En la cinta se retrata al Sur como una víctima, se muestra a los afros (negros,- en el original) como depravados, y al Ku Klux Klan como el heroico protector de la inocencia estadounidense. Cuando la cinta fue proyectada en la Casa Blanca, el entonces presidente Woodrow Wilson dijo:

 

“Es como si la historia se escribiera con un rayo. Y lo único que lamento es que todo esto es tan terriblemente cierto”

 

Hollywood perpetúa el espíritu de excepcionalismo de Estados Unidos, con frecuencia en contubernio con las élites de poder de la clase dominante. Hasta finales de la década de 1960 el tema de la “conquista del Oeste” fue un argumento habitual y recurrente, el cual fue después adaptado también a la televisión. Las películas, la radio y la televisión se convirtieron en una de las formas más impactantes de entretenimiento, información, publicidad y propaganda en el siglo 20.

 

En la década de los años 1950, época en que crecí, jugar a los “indios y vaqueros” constituía un pasatiempo favorito para los niños. Nosotros reproducíamos todo lo que veíamos en las películas. Para los interesados, sugiero ver la película,- que recuerdo muy bien,- titulada “How the West Was Won”[3], producida en 1962.

 

La frase “el Destino Manifiesto” no fue acuñada sino hacia mediados del siglo 19, pero la ideología que representa ya se inició con el período del asentamiento colonial y la limpieza étnica de los pueblos indígenas autóctonos. Tal como explican los autores Sirvent y Haiphong:

 

“George Washington y su secretario de Guerra Henry Knox no perdieron tiempo y se apresuraron a poner las bases del Destino Manifiesto. El tal Destino Manifiesto fue el corolario de la ideología colonizadora que llevó a la formación misma de la nación Estadounidense como Estado… En efecto, el Destino Manifiesto presupone el reconocimiento de que la expansión estadounidense de costa a costa constituye una cuestión de vocación justificada y ordenada por la supremacía civilizatoria de la República.”

Durante la expansión hacia el Oeste norteamericano el lema “Destino Manifiesto” se puso en boga cuando surgió el debate sobre si robarle o no un tercio de territorio a Méjico mientras se “domaba” el Oeste. El Destino Manifiesto ganó el debate.

La expansión hacia el Oeste del imperio estadounidense no se detuvo en la costa del Océano Pacífico. Continuó su camino al Asia. Estados Unidos se convirtió en un imperio colonizador, agresor, y marchó destruyendo las barreras comerciales de Japón , Corea y China. Estados Unidos creía en el “libre comercio” aunque ello significara sostenerlo con los cañones de una lancha torpedera.

 

El legado de la esclavitud

El legado que nos dejó el período de la esclavitud en Estados Unidos continúa pervirtiendo la sociedad e impidiendo la igualdad y la justicia, aún hoy. Los autores explican que Estados Unidos sostiene y alega que la esclavitud fue solo una “institución peculiar” más no una contradicción fruto del excepcionalismo estadounidense:

“Si bien ha sido difícil enmascarar los horrores que se cometieron contra los esclavos venidos del África, peor todavía ha resultado el querer superar la adornada narrativa de que la institución de la esclavitud solo fue un mero error o una aberración en el perfecto e impecable diseño de la democracia estadounidense”.

Afirmar que los Estados Unidos han sido construidos sobre las espaldas de los esclavos no es para nada una metáfora. Los primeros cimientos de la economía de la nación yacen sobre la esclavitud. La Casa Blanca y el Capitolio fueron construidos por esclavos, lo cual resulta,- eso sí,- metafórico. Al respecto ha habido muchos debates.

Chomsky tiene razón: el algodón era el rey. Fue tan importante en su época, siglos 18 y 19, como lo es el petróleo en el 20 y 21. Todos deseaban el algodón y fue la industria textil la que impulsó la revolución industrial. Y sin embargo, los esclavos emancipados y sus descendientes nunca recibieron una reparación ni los beneficios de su contribución.

Estados Unidos se declara inocente del genocidio y la esclavitud que mantuvo. Los colonizadores incluso llegan al colmo de acusar a sus víctimas. El esclavo africano es caracterizado como un vago. A los indios nativos de estas tierras, la Declaración de Independencia los acusa de ser lo siguiente:

“… salvajes indios despiadados, cuya norma de guerra conocida es la destrucción sin distinción de gentes de todas las edades, sexo y condiciones”.

La privatización de las tierras y bienes comunes de los nativos y la esclavitud fueron consagradas en la Declaración de Independencia y en la Constitución estadounidense. La “búsqueda de la felicidad” fue la consigna utilizada para robar las tierras indias y para esclavizar a los afrodescendientes. Ese fue el código para la Segunda Enmienda en la Constitución.

La Doctrina Monroe

Otro legado bien conocido de la historia temprana de los Estados Unidos es la Doctrina Monroe. As í lo explican los autores. Esa Doctrina surgió de los labios del presidente James Monroe como una extensión natural del Destino Manifiesto. En vista de que se creía que Dios había otorgado la posesión del continente a los Estados Unidos, se dedujo también que ésta debería incluir el Caribe y América Latina.

En el siglo 19 España perdió el control sobre su posesión colonial en América. Francia había sufrido grandes pérdidas en la guerra con India (1754 a 1763); las guerras napoleónicas (1801 a 1815) debilitaron más a Francia. Haití, que era considerada “la Perla” de las colonias francesas logró la independencia en 1804. Ya en 1823 el presidente Monroe declaró que Estados Unidos sería el árbitro de las disputas y el protector del Caribe y América Latina a partir de ese momento. Hacia el final de la Guerra de Independencia del yugo español (1898), Estados Unidos se había convertido en una potencia, en un naciente imperio, con colonias en Cuba, Puerto Rico, Guam y las Filipinas.

La Historia no es “historia”, tiene vida propia

 

El excepcionalismo estadounidense y su inocencia no es sólo un libro de Historia, aunque también lo sea. Los autores del libro examinan los acontecimientos históricos y los mitos que los justificaron. Por ejemplo, después de la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos desarrollaron y se imbuyeron de un complejo mesiánico de que eran los salvadores del mundo. Los hechos históricos no respaldan ese mito, puesto que fue otra nación la que venció al fascismo. Y sin embargo, es claro que los Estados Unidos salieron de la Segunda Guerra como la potencia económica y militar más poderosa del mundo.

Durante el período de la posguerra, Estados Unidos utilizó su poder económico y militar para expandir su colonialismo y explotación. Con encono, se opusieron a las guerras anticoloniales de liberación en África y Asia, así como en América Latina, a quien llamaron su “patio trasero”. Las élites de poder de la clase dominante en EUA hicieron aparecer el neocolonialismo de los Estados Unidos como una protección de las democracias en ciernes “contra los males del comunismo”; y ocultaron sus verdaderos motivos económicos tras la máscara de los mitos sobre la libertad, la democracia y los derechos humanos.

 

El pensamiento crítico expondría después la contradicción por la cual Estados Unidos apoyó el colonialismo y, aún hoy, promueve el neocolonialismo. De hecho, el gobierno estadounidense operó secretamente para derrocar a gobiernos elegidos democráticamente que querían usar sus recursos naturales en beneficio de sus propios pueblos. Las primeras operaciones encubiertas de “cambio de régimen” tuvieron lugar contra los gobiernos elegidos democráticamente en Irán, Guatemala y la República Democrática del Congo. A partir de entonces, Estados Unidos ha estado derrocando gobiernos impunemente por años. Cuando la “amenaza del comunismo” ya no estuvo en boga como pretexto para intervenciones, los Estados Unidos crearon un nuevo mito, el villano necesario para la “guerra contra el terrorismo”.

Después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos ha tomado parte en 37 conflictos armados violentos, en distintos países, como resultado de los cuales resultaron muertas aproximadamente más de 20 millones de personas. La clase dominante presenta estos conflictos como ejemplos del excepcionalismo estadounidense, como demostración de que Estados Unidos es una fuerza del Bien y para el bien; lo cual es repetido hasta la saciedad. Mientras tanto, el pensamiento crítico demuestra que las guerras estadounidenses son en beneficio de las corporaciones y los compinches de las élites de poder. La política exterior de Estados Unidos no va en beneficio ni siquiera del propio pueblo estadounidense.

 

La clase dominante ha logrado desarrollar una sofisticada propaganda para fabricar el consentimiento del público a las políticas estadounidenses. La ideología y la mitología norteamericanas son parte del alma de esta nación. El público internaliza la ideología y la mitología como parte de su ser. Muchas personas se angustian emocionalmente cuando se critica a los Estados Unidos.

 

Los símbolos del excepcionalismo estadounidense cobran vida propia. Por ejemplo, cuando el mariscal de campo de un equipo de fútbol, Colin Kaepernick, "se arrodilló" durante la ejecución del Himno Nacional, creó una tormenta de fuego emocional. Kaepernick estaba usando su derecho a la libertad de expresión para hacer una declaración sobre las continuas injusticias hacia los afroamericanos. Eso no está permitido en las orgías patrióticas, en las que se han convertido los eventos deportivos.

 

Después de veinte años de la llamada Guerra contra el Terror, Estados Unidos no tiene nada que mostrar. Media docena de naciones han sido destruidas y millones de personas asesinadas. El costo para los EUN se estima en 7 billones de dólares, y sigue subiendo. Los costos para los países que Estados Unidos destruyó no tienen precio.

La pérdida de oportunidades de la Guerra contra el Terror tiene como corolario la negligencia respecto de los problemas internos, como la desigualdad, la pobreza, el hambre y las enfermedades. Más de 30 millones de personas no tienen atención médica. La educación pública se está desmantelando, y la educación superior deja a muchos estudiantes en un pozo profundo de deuda. Las prisiones estadounidenses son inhumanas y ni siquiera se habla de rehabilitación. Poco se está haciendo sobre el calentamiento global. La infraestructura estadounidense es decrépita y se desmorona. La Declaración de Derechos ha sido tergiversada. Las minorías se ven desproporcionadamente afectadas por la negligencia y la injusticia.

 

Sin embargo, el mito está vivo y se continúa creyendo que Estados Unidos es una nación excepcional para siempre. Mucha gente todavía cree que Estados Unidos es la nación más grande del mundo. La verdad es que es un gran país para los pocos que nacen ricos o se hacen ricos. Es un país terrible para aquellos que nacen en la pobreza, se enferman sin seguro y envejecen con nada más que un cheque del Seguro Social.

 

La lista de deficiencias de los Estados Unidos para con su gente es larga, pero puede resumirse en el Índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas. Sorprendentemente, mientras el país gasta billones de dólares en guerra, ocupa el puesto 25 en desarrollo humano, ajustado por el índice de desigualdad. No esperen que mejore; la tendencia es a la baja.

 

No es suficiente aprender la historia real de los Estados Unidos y desaprender la historia falsa. Estados Unidos debe superar la ilusión de su excepcionalismo, inocencia y victimización. Estados Unidos realmente no tiene enemigos de los que no pueda defenderse. Irán, Venezuela, Cuba, Nicaragua y Corea del Norte no son una amenaza para los Estados Unidos. Es ridículo pensar que lo son. Es necesario saber que, detrás de ello, otros motivos geopolíticos y económicos están en juego.

 

Estados Unidos no puede escapar de su historia, pero puede cambiar el futuro. Según los autores Sirvent y Haiphong, para cambiar el futuro de Estados Unidos, el pueblo estadounidense necesita aprender la historia real y desaprender los mitos. Un gran paso en esa dirección se encuentra en el libro sobre el que acabo de escribirles.

----

David is a progressive columnist writing on economic, political and social issues. David is a member of Veterans for Peace, St Pete for Peace, CodePink, and International Solidarity Movement.

 

This article was originally published by "AHT" - The views expressed in this article are solely those of the author and do not necessarily reflect the opinions of Information Clearing House.

http://www.informationclearinghouse.info/51872.htm

 

[1] “Asalto y robo de un tren” es una película muda estadounidense de 1903 del género Wéstern escrita, producida y dirigida por Edwin S. Porter.

[2] “El nacimiento de una nación” es una película muda estadounidense de 1915 dirigida por D. W. Griffith. La película ha sido una de las más polémicas debido a que su argumento promueve abiertamente el racismo, apoya sin ambages la supremacía de la raza blanca y describe en sus escenas el supuesto heroísmo de los miembros del Ku Klux Klan. (Fuente: Wikipedia)

[3] “La conquista del Oeste” es una superproducción estadounidense del género western de 1962 filmada en Cinerama. Sigue a diferentes generaciones de una familia: los Prescott, en su traslado de Nueva York a los estados del Pacífico. El guión fue escrito por John Gay y James R. Webb y la película fue dirigida por cuatro directores: John FordHenry HathawayGeorge Marshall y Richard Thorpe. Contó con un extenso plantel de estrellas de Hollywood y ganó diferentes premios Óscar.

 

Publicado: 12 de agosto 2019

Nota aclaratoria: Las opiniones expresadas en el artículo aquí publicado son de entera responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan el pensamiento y posición oficial AEPEREACU.

¿Qué pasa con la izquierda?

 

     De acuerdo con las mediciones de Latinbarómetro, en los años 2017 y 2018 el 32% de los ecuatorianos consultados se ubican en el “centro” del espectro político. Es decir, no se identifican ser de la izquierda ni de la derecha, políticamente hablando.

 

     Excelente noticia para Norteamérica,- diríamos,- puesto que el imperio encuentra un terreno fértil para sembrar sus ideas de que es preferible no tomar parte en la política, no participar  en las decisiones de Estado, no reclamar, no exigir, ni plantear demandas a los administradores y políticos; en fin, declararse apolíticos, supuestamente centristas y, en realidad, mansos corderos consumidores.

                   

    Al imperio del Norte le conviene que, en sus zonas de interés e influencia, se manipulen las leyes e introduzcan facilidades para que sus inversiones no sufran menoscabo alguno, aunque se destrocen los derechos humanos y se acabe con la vida de la mano de obra barata (Bangladesh, la India y otros países como el nuestro): para mantener el status quo se apoyan de maravilla en ese denominado “centro político”, en esa “democracia”, liberalismo, punto de equilibrio, o como quiera llamarse. En la práctica, para el capital ello representa inacción y permisividad, amplia gama de inversiones y pingues ganancias.

 

     En Colombia, por ejemplo, con el tratado de libre comercio, las transnacionales como Monsanto ya forman parte del mercado nacional, disminuyendo la participación de la industria colombiana, para regocijo de los que califican el tratado como “un gran logro del país” que, como se sabe, está entregado en cuerpo y alma al capital y a las fuerzas militares norteamericanas.

 

     Recuerdo que en años pasados, a los que nos identificaban con la izquierda política nos reclamaban porque teníamos un buen empleo, o habíamos comprado una buena casa. Ahora, es clamor popular que todo “izquierdista” o “revolucionario” está ligado a la corrupción, si no es él mismo “un corrupto consumado”. Así tratan de desprestigiar a la izquierda política y demonizar su accionar. No está por demás reconocer que muchos pseudo-izquierdas, con sus deshonrosas prácticas, han abonado el terreno para que estos falsos imaginarios prosperen en el seno de la sociedad.

 

     Se producen casos en que antiguos elementos de la izquierda política, sinceros o no, convencidos o no, ante el embate de tales calumnias y, a la vez, sintiendo vergüenza de formar filas con la derecha, pasan tranquilamente a ser parte de los “centristas”, de los que desdeñan de las ideologías, de los que afirman que “no son políticos”, porque “todos los políticos” son corruptos. Y así se va engrosando el ejército de acomodados, de “independientes”, de fáciles presas de los profundos intereses del capital privado, del populismo y del extremismo, que prende raíces cada vez más fuertes en las sociedades actuales.

 

    ¿Que hace la izquierda (la verdadera izquierda, la izquierda sincera y honesta) para rechazar estos infundios, falsos criterios y torcidos imaginarios?

 

      Prácticamente nada. Aparte de uno que otro periodista o activista de buena laya, los demás permanecen callados. Envueltos por las promesas y engaños del populismo de izquierda, muchos intelectuales y militantes han llegado al extremo de hacerse de la vista gorda y callar ante el latrocinio descarado de la década pasada. Denuncian el mínimo desliz del gobierno actual (que es un gobierno de derecha) y no son capaces de lavarse la cara y llamar a los falsos revolucionarios por su nombre y condenar sus desvergonzados atropellos. Pues es claro, a la luz de los acontecimientos, que donde se ponga el dedo, sale pus. Los esmeraldeños llamaban “Alí Babá y sus cuarenta ladrones” a Glass y a sus bribones, que gastaron más de 2 mil millones para reparar la refinería y no remediaron nada.

 

     La izquierda calla. Los administradores del Gobierno pseudo-izquierdista regalaron el campo Sacha a PDVSA, tan mal administrado que se revertió al Estado; Armadillo entregaron a los bielorusos; Auca y Shushufindi a Schlumberger; Singue a Gente Oil. Sobre todo ello, los izquierdistas no dicen nada, mientras la derecha se regocija, vocifera y monta caballo de batalla cual si en su debido momento no hubiera,- con mayor ahínco y maña,- rifado las riquezas nacionales y no se hubiera aprovechado de las bonanzas. Hay que fijarse bien. Aún ahora, se mantienen funcionarios del gobierno anterior, identificados plenamente con actos de corrupción, en diversas dependencias del Estado. La izquierda no denuncia.

 

     Está bien que se combata al gobierno actual- un gobierno populista de derecha. Pero no se debe ocultar nada que permita aclarar los hechos de los gobiernos populistas de izquierda y juzgar debidamente a los corruptos, a los que nos hacen quedar mal.  Se debe explicar que el populismo de izquierda no es izquierdismo, no tiene nada que ver con una corriente verdaderamente revolucionaria que tiene raíces en el pueblo. En diez años de populismo no se hizo ni un solo cambio que podría identificar al proceso como revolucionario o como socialista. Canadá tiene leyes de avanzada que ya se quisieran los populistas en nuestro código laboral.

 

     Tenemos que volver a ser los voceros de los reclamos populares. Tenemos que volver al camino en que a los de izquierda nos identificaban como parte de los profundos intereses populares, voceros de las reivindicaciones de los obreros, los trabajadores, la gente humilde; abanderados de las causas nobles y los programas que incluían a la clase obrera en la dirección de los cambios políticos y sociales. Se puede comprender que los procesos los dirigen los políticos, pero los califican sus logros, sus valores, su transparente comportamiento ético y su espíritu de servicio a los intereses de las masas trabajadoras. Aquí se habla de avances en obras públicas, como el mayor logro de Correa, igual que Pérez Jiménez en Venezuela y otros dictadores populistas de derecha.

 

      Es necesario volver por los fueros de los principios y la concordancia entre lo que se dice y lo que se hace. Debemos enseñar y aprender a diferenciar entre política (que es una de las más altas tareas humanas) y politiquería, que se aprovecha del poder con fines personales. La desilusión del pueblo, de los trabajadores, de los obreros, de los jóvenes tiene base en las malas prácticas y el mal ejemplo. Hay que aclarar con valentía y con fuerza que la izquierda, la verdadera izquierda, se identifica con la honradez, con el combate frontal y sin miramientos de la corrupción en cualquiera de sus formas; que la izquierda es autocrítica; que es servicio y sacrificio por los más altos valores humanos, por el bienestar de los pueblos, por la solidaridad, por la cultura, la educación, la salud, por la hermandad, por el repudio a la guerra y por la defensa de la paz.  Cuando la izquierda toma el poder, se sirve de él únicamente para la realización de un programa revolucionario que dignifica al pueblo y que cumple con los sueños de ese pueblo de dignidad, bienestar económico y social, independencia total, sus anhelos de cultura y de alcanzar, siempre de la mano con las grandes masas ciudadanas, las cumbres de la ciencia, la cultura y el humanismo.

 

      No se debe esperar que el número de personas que se identifican con el “centro” siga creciendo y se vean obligados, por la desidia, el engaño y la apatía, a elegir en el futuro a otro Arroyo del Rio.

 

     Actuemos con honradez, defendamos la verdad y los principios, combatamos la corrupción, denunciemos la mentira. Esa es la misión de la izquierda. No permitamos, con nuestro ejemplo diario, que nuestra gente llegue a creer y diga que no conoce a un solo político honrado.

 

Autor:  Danko Espejo (seud.)

Publicado: 3 de agosto 2019

 

Nota aclaratoria: Las opiniones expresadas en el artículo aquí publicado son de entera responsabilidad del autor y no necesariamente reflejan el pensamiento y posición oficial AEPEREACU.

© 2014 - 2020      AEPEREACU