SALUDO POR LA CONMEMORACIÓN DEL

10 DE AGOSTO DE 1809

Saludamos a los compañeros ecuatorianos en el Aniversario del 10 de Agosto de 1809- Inicio de la etapa de Independencia del yugo español, que puso la piedra angular para la vida republicana.

Saludamos al noble pueblo ecuatoriano, ejemplo de pujanza, espíritu libertario y anhelos de solidaridad y hermandad.

Que la obra que iniciaron los héroes de 1809 y mártires del 2 de Agosto de 1810 encuentre continuidad en la lucha por la independencia definitiva y la construcción de una sociedad más justa, equitativa, libre de explotación, basada en los más altos valores del humanismo.

Que las ideas de libertad e integración latinoamericana de Espejo, Manuelita Sáenz, Sucre, Bolívar y todos quienes ofrendaron sus vidas para el desarrollo y bienestar de nuestros pueblos perduren y sean acicate para las nuevas generaciones en la permanente lucha por los más elevados ideales.

 

Quito, a 10 de agosto de 2019

 

La gesta de la Independencia terminó de fraguarse la noche anterior al 10 de Agosto de 1809,

en la casa de Manuela Cañizares. Cortesía

ПОЗДРАВЛЕНИЕ

ПО СЛУЧАЮ ГОДОВЩИНЫ 10 АВГУСТА 1809 г.

 

Мы приветствуем эквадорских товарищей по случаю годовщины 10 августа 1809 года - началo этапа независимости от испанского ига, которое заложил основу республиканской жизни.

Мы приветствуем также благородный эквадорский народ, пример несклоняемoй силы, любви к свoбоде и стремления к солидарности и братству.

Пусть работа, начатая героями 1809 года и мучениками 2 августа 1810 года, обретет преемственность в борьбе за окончательную независимость и построение более справедливого, равноправного, свободного от эксплуатации общества, основанного на высших ценностях гуманизма.

Пусть идеи свободы и латиноамериканской интеграции Эспехо, Мануэлиты Саенс, Сукре, Боливара и всех, кто посвятил свою жизнь ради развития и благосостояния наших народов, сохранятся и будут поощряться новыми поколениями в постоянной борьбе за высшие идеалы.

 

Кито, 10 августа 2019 г.

10 de Agosto de 1809

Entre las fechas realmente relevantes de la Historia de los ecuatorianos y latinoamericanos está la del Día primero de rebelión de independencia contra el yugo español. También cuenta el 24 de mayo de 1822 que cerró, a golpe de bayonetas patrióticas, fusiles y cañonazos, la etapa de Independencia.

 

En la escuelita fiscal Simón Bolívar, aquella que tiene sus parnásicos portones sobre las calles Sodiro y Gándara, frente al hermoso parque La Alameda, honrábamos a nuestros próceres con debida devoción. De la mano de nuestros preceptores imbuidos de amor por la Patria y civismo, tal como debe ser, ensayábamos poemas, cánticos, dibujos, periódicos murales, himnos de guerra y paz, dedicados a las gestas heroicas que habían abierto las sendas de nuestra independencia, libertad y construcción social de democracia. Quien no conoce y reconoce su Historia no puede avanzar por el sendero de la construcción de la identidad y la nacionalidad.

   

Desde muy pequeños, conocimos la obra de aquellos ciudadanos que, en aras de las causas nobles, habían levantado la voz… y habían caído bajo la espada del poder colonial y la monarquía. Allí estaban Pio Montúfar y José Cuero y Caicedo, quienes lideraron el movimiento. Pero también figuras como Salinas, dirigiendo la tropa, Antonio Ante, entregando el comunicado rebelde, y muchos otros, inspirados todos en el pensamiento liberador del genial Eugenio Espejo, que había realizado un trabajo ideológico inmenso aún a costa de su  propio bienestar, libertad y vida.

 

Quito encendió la llama de la rebelión. El 19 de abril del siguiente año, posterior al primer fuego independentista, en Caracas los patriotas liderados por Simón Bolívar, Andrés Bello y Francisco de Miranda lanzarían también la proclama de libertad. Todo culminaría en 1822, tras más de una década de duras batallas, sangre, dolor y sacrificios. América se liberó del oprobioso yugo español y sus hijos empezaron la época de vida republicana. Sin embargo, nuevos métodos de explotación se pondrían en vigencia.

 

La Historia nos muestra que tras la época de la colonización y exterminio de la población aborigen, la despiadada explotación y exportación de los recursos, luego de las guerras de Independencia y la conformación de las débiles repúblicas, sobre la base de un sistema de caudillismo, separatismo, avaricia y personalismos codiciosos, nuestras Repúblicas desembocaron en el sistema que Marx había estudiado y desentrañado con tanta clarividencia. Pero fue aún peor, porque ya las grandes potencias se habían ocupado en esquilmarnos y someternos a lo que se ha dado por denominar “el subdesarrollo”. Así, las nuevas naciones, desmembradas y alejadas del sueño bolivariano de integración, se vieron condenadas a nuevas y más sofisticadas formas de colonialismo y opresión. El desigual desarrollo de las naciones y el aparecimiento de imperio del Norte no podían sino dar como resultado un mundo de enorme injusticia social, inequitativas relaciones internacionales, grandes diferencias económicas y, en muchos casos, sometimiento a la política del garrote y la zanahoria, a un nuevo yugo más despiadado y cruel aún que el español, del cual nos habían liberado los patriotas a costa de vidas y enormes sacrificios.

 

Doscientos diez años después, está pendiente la realización del sueño de nuestros próceres, está pendiente todavía la obra de Simón Bolívar y muchos hombres que lucharon y murieron por la libertad de Nuestra América. Nuevas cadenas aparecieron en nuestra Historia y corresponde a las actuales generaciones sacudir el yugo y alcanzar la Segunda y definitiva Independencia y la anhelada integración latinoamericana como corolario y base de un nuevo sistema de relaciones entre los hombres y entre las naciones. Porque lo que soñaron Espejo y Bolívar está todavía por hacerse en nuestra tierra regada por la sangre de los que proclamaron Libertad en las calles de Quito un 10 de agosto y cayeron asesinados el 2 de agosto del siguiente año. Su sangre, entonces, no se habrá derramado en vano. Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra, ha dicho el Apóstol.

Autor: Antón Amaruñán

Publicado: 8 agosto 2019

 

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10 de Agosto

“Último día de despotismo y primero de lo mismo”

Recientemente se armó un alboroto por una noticia filtrada desde Holanda, que hace relación al cierre de iglesias y cárceles por falta de fieles y condenados por la justicia. Se atribuyó el fenómeno al desarrollo y a la educación imperante en ese país. Acá, al otro lado del Océano, por el contrario las cárceles están abarrotadas y se delinque desde su interior comandando bandas de secuestradores, extorsionistas y más forajidos que reciben órdenes de prisioneros estrechamente relacionados con policías y guardianes corruptos.

 

Me puse a pensar que el primer país capitalista del mundo logró su desarrollo gracias al despojo de las colonias de África, Asia y América Latina, donde además de su papel dirigente, contaba con flotas de piratas que robaban a los barcos españoles que retornaban a España llenos de oro y plata desde Bolivia, Perú y del territorio que es hoy el Ecuador. La cantidad de riqueza que se llevaron de nuestro continente contribuyó al desarrollo de Europa, a la creación de sus centros financieros y de altos estudios  que ahora les permite una vida plácida y con muy bajos índices de delincuencia.

 

Con buena alimentación, estudios y atención médica de alta calidad, en general los habitantes de los países europeos se destacan por su excelente estatura promedio y “hermosos rasgos faciales”.

 

En contraposición a nuestro pueblo aborigen, que fue  arrojado a las mitas y obrajes y cuya cultura se borró con la llegada de los conquistadores. Los bárbaros colonialistas llegaron a consultar inclusive si nuestros antepasados podían ser tratados como poseedores del ama cristiana, la cual no la atribuían ni a los africanos ni a los indígenas americanos.

 

Usaron a nuestro pueblo también como apoyo en sus expediciones y experimentos sin importarles cuántos sobrevivían; en los anales de la Historia consta esta práctica en Loja: un señor llamado Juan de Salinas utilizaba a los indios como material para comprobar la bravura de sus perros de caza. Por cierto, cual ironía, hay una calle en la ciudad que perpetúa su nombre como gran explorador que abrió las puertas de la conquista y “civilización” de la región amazónica.

 

Los conquistadores llegaban de España con sus títulos y con mapas en donde se señalaban las propiedades que se les adjudicaba. Los hijos de españoles nacidos aquí,- los criollos,- aunque se sentían hijos “de la madre patria”, nunca hijos de estas tierras, también eran atropellados y muchas veces despojados de propiedades que incluían a los indios que trabajaban en ellas. Costumbre que se mantuvo hasta ya adentrado el siglo XX. No era raro ver en los periódicos de esa época los anuncios que pregonaban las ventas de haciendas en que se incluía propiedades, ganados… e indios.

 

Entonces, los criollos, cuyo número era cada vez mayor, aprovecharon la coyuntura de la invasión de Napoleón a España para proclamar la idea que durante algún tiempo se había ido cultivando en las mentes más preclaras de la época.

 

Acabar con las prebendas de los colonizadores y reclamar su derecho a ser los que dirigían sus propiedades y sus destinos: fue la consigna que motivó a los criollos y que terminó con el levantamiento contra las autoridades españolas. Tal vez algunos de ellos influenciados por la revolución francesa, por las ideas libertarias de Eugenio Espejo y el aparecimiento de países independientes en otras partes del mundo, pensaron en crear un país nuevo. Pero la abolición de la desigualdad, la injusticia y el despojo del pueblo llano no era parte de sus preocupaciones. Tuvieron que pasar algunas décadas para que se decretara la liberación de los esclavos. Los aborígenes, en algunos puntos, todavía están negociando sus derechos. Los mestizos, mulatos, indios y afrodescendientes, todos, han ido rescatando los suyos en jornadas de sangre y confrontación.

 

Es verdad que los ejércitos libertarios estaban en su gran mayoría constituidos por nuestro pueblo, ese pueblo que alcanzó a avizorar hasta dónde los movimientos libertarios del 10 de agosto y, después, del 24 de mayo, llenaban sus aspiraciones. Escribió entonces en las  paredes de Quito el grafiti que inmortalizó su idea de la nueva situación.  Él ilustra a este artículo.

Autor: Danko l’Espejo

Publicado: 7 de agosto 2019

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