Saludo de Aniversario

Saludamos al noble y heroico pueblo de Cuba en ocasión del LXVII Aniversario del Día de la Rebeldía Nacional- 26 de Julio; y auguramos continuar por la vía de construcción del Socialismo.

El ejemplo de la Revolución cubana es fuente de inspiración para los pueblos que luchan por su independencia, soberanía y autodeterminación. Su sobrehumana resistencia y fidelidad a los principios es la muestra histórica de que los pueblos que se deciden a construir su propio destino son invencibles.

Saludamos a todos nuestros compañeros cubanos con quienes convivimos y estudiamos en los centros de educación del antiguo Bloque socialista, así como a todos los exalumnos que tuvieron la oportunidad de formarse en los centros de educación de Cuba.

¡Loor y gloria a los héroes del Moncada!

 

Quito, a 26 de julio de 2019

 

 

Поздравление к 67-летию

 

Мы приветствуем благородный и героический народ Кубы по случаю годовщины LXVII Дня национального восстания - 26 июля- даты начала революционной борьбы кубинских патриотов против тирании, - каторая завершилась победой 1 января 1959 -го; и мы призываем продолжать путь строительства социализма.

Пример кубинской революции является источником вдохновения для народов, которые борются за свою независимость, суверенитет и самоопределение. Его сопротивление и верность принципам является признаком того, что народы, решившие построить свою собственную судьбу, непобедимы.

Поздравляем всех наших кубинских товарищей, с которыми мы учились в центрах высшего образования бывшего Социалистического блока, а также всех выпускников, которые имели возможность обучаться в центрах высшего образования Кубы.

Вечная слава героям Монкады!

 

Кито, 26 июля 2019 г.

¡Cuartel Moncada 26 de Julio de 1953!

 

Soplan vientos de rebeldía por tierras americanas, entonces, nos  encontramos en la primera mitad del  siglo XX; dictaduras burguesas (militares, en algunos casos), pero tiránicas, sanguinarias; ellas despiertan, alimentan y rebosan los pechos juveniles de revolución, de justicia, de defensa de  derechos mancillados, e el momento de imponer la democracia del obrero, de los trabajadores del campesino, de los jóvenes estudiantes, de las mujeres repudiadas, de los pobres y de los indigentes. El capitalismo y su poder abusivo  han creado las condiciones para iniciar la lucha revolucionaria:

“Compañeros: Podrán vencer dentro de unas horas o ser vencidos; pero de todas maneras ¡óiganlo bien, compañeros! De todas maneras el movimiento triunfará. Si vencemos mañana, se hará más pronto lo que aspiró Martí. Si ocurriera lo contrario, el gesto servirá de ejemplo al pueblo de Cuba, a tomar la bandera y seguir adelante. Los que estén determinados a ir, den un paso al frente. La consigna es no matar, sino por última necesidad” El Cdte. Fidel se dirigía al grupo de jóvenes el 25 de julio de 1953

Y a las 4 de la mañana comienza la incursión.

 

El manto negro de la fría madrugada sería testigo de la valiente acción de un grupo de jóvenes, dirigidos por Fidel Castro, Abel Santamaría, Raúl Castro, el Cte. Almeida los que tomarían la fortaleza, el hospital y el Palacio de Justicia. Mas, el factor sorpresa no se logra, pues un soldado de la dictadura realiza un disparo, con el que alerta a la tropa y se entabla el combate fuera del cuartel.

Después… La sangrienta represión, como todas las dictaduras impuestas por el imperio (Plan Cóndor. Ahora. Plan Colombia)  hizo funcionar la famosa triada: Secuestro, tortura, desaparición. Mas tarde, ante el  tribunal que lo juzgaba, Fidel Castro denunciaría el crimen en su alegato de autodefensa “LA HISTORIA ME ABSOLVERÁ”, alegato que recorre el mundo y cobra fuerza ante el ascenso de la derecha y su brazo político y económico, el capital y las cámaras de todo color.

La lucha continúa, en pleno S. XXI tenemos concertajes neocoloniales para pagarlos en 30, 40, 50 y hasta 100 años. La tiranía del capital necesita de los ejemplos revolucionarios del pasado. El hambre se reencarna en el cuerpo anémico del pueblo, como siempre, último en la jerarquía capitalista. Las cámaras de todo color se eliminan aranceles y deudas, pero le imponen castigo al pueblo (subida del IVA al 14%), eliminación de becas para títulos de cuarto nivel; leyes para reducir los sueldos de los trabajadores, pues ganan mucho, según las cámaras, eliminación de los décimos para los jubilados, pues ya están viejos y no lo necesitan, un neo obraje colonial con 13 horas diarias de trabajo… Tesis del FMI con el apoyo de gobiernos títeres y pusilánimes que responden a sus órdenes al pie de la letra.

“Desgraciados los pueblos donde los jóvenes no hagan temblar al tirano” Juan Montalvo

“El cuartel Moncada se convirtió en un taller de tortura y muerte, y, unos hombres indignos, convirtieron el uniforme militar en delantales de carniceros” Cte. Fidel Castro

Publicado en: http://prensalaverdad.com/2019/07/23/cuartel-moncada-26-de-julio-de-1953/

Semblanza

Abel Santamaría- El Elegido, Segundo Jefe

En una revolución, si es verdadera, se triunfa o se muere.

 

Esta sentencia, del puño y letra del Che en su carta de despedida, es una gran verdad. Entre los caídos en la toma del cuartel Moncada y las semanas siguientes (de 70 combatientes muertos, sólo ocho cayeron en combate; el resto fueron torturados y asesinados) se encuentra uno de los jóvenes más prominentes y lleno de virtudes.

El movimiento lo había elegido como el Segundo jefe, después de Fidel, y era el más querido.

 

Era un joven muy inteligente, valiente y decidido. Desde muy pequeño aprendió a amar a José Martí. A sus 19 años se trasladó a vivir en La Habana. Fue en su apartamento, adonde se había mudado a vivir su hermana Haydée Santamaría, que se reunían algunos miembros del movimiento, convocados por Fidel,

 

“En mi casa, dijo una vez Haydée, se discutía mucho. Abel y Fidel exponían sobre el ideario martiano, el Manifiesto de Montecristi, los estatutos del Partido Revolucionario que fundara el Apóstol. Abel exigía a cada compañero que fuera profundamente martiano; muchas veces le oí decir a Abel que estudiando a Martí profundamente, ninguna persona tendría dificultad para encontrar el verdadero camino”.

 

Después de que Abel conoció al líder de la Revolución Fidel Castro, empezó a asumir cada vez más responsabilidades. Estuvo en todas las actividades de preparación del asalto al Moncada. Para el día decisivo, se cuenta sobre un evento que tuvo lugar. Para Fidel la vida de Abel tenía un valor inigualable, por lo que le encomienda ocupar el Hospital y no al Cuartel, donde su vida correría más riesgo. Esta decisión no le cuadra, por lo cual protesta:

 

--Yo no voy al hospital –le dice–, al hospital que vayan las mujeres y el médico, yo tengo que pelear si hay pelea, que otros pasen los discos y repartan las proclamas.

A lo que Fidel le riposta con energía:

--Tú tienes que ir al hospital civil, Abel, porque yo te lo ordeno; vas tú porque yo soy el jefe y tengo que ir al frente de los hombres, tú eres el Segundo, yo posiblemente no voy a regresar con vida.

Ante la orden, Abel responde:

--No vamos a hacer como hizo Martí, ir tú al lugar más peligroso e inmolarte cuando más falta haces a todos.

Es entonces cuando Fidel, comprendiendo la preocupación del Segundo jefe de la acción, le pone las manos sobre los hombros y persuasivo le dice:

--Yo voy al cuartel y tú vas al hospital, porque tú eres el alma de este movimiento y si yo muero tú me reemplazarás.

 

El 26 de julio de 1953 Abel ocupó efectivamente el Hospital Civil de Santiago de Cuba. Cuando callaron las armas de los rebeldes en la posta tres y solo se percibía el fuego atronador de las armas enemigas, Abel y sus compañeros continuaron disparando hacia la fortaleza militar. Después de haber cumplido con su misión, fue hecho prisionero, torturado salvajemente (le vaciaron un ojo, para mostrárselo a su hermana Haydée) y asesinado el 26 de julio.

 

Y nadie mejor que el mismo Fidel lo caracterizaría en aquel juicio histórico, donde los acusados se convirtieron en acusadores: “Abel Santamaría, el más generoso, querido e intrépido de nuestros jóvenes, cuya gloriosa resistencia lo inmortaliza ante la historia de Cuba”.

 

La muerte de Abel Santamaría fue un duro golpe para el movimiento, pero ya es inmortal.

Fuentes: Biografía de la Dra. Ana Teresa Badía Valdés; El juicio del Moncada de Marta Rojas

26 de julio de 1953 y su época

Los jóvenes Fidel Castro y Abel Santamaría, líderes del incipiente movimiento revolucionario

 

 

Además de su significado histórico y su gran presencia práctica en la lucha, la figura de Abel Santamaría es tan elevada y simbólica, que ha inspirado a los poetas de Cuba. He aquí dos de ellas.

ABEL EN LOS POETAS

 

  1. CONVERSACIÓN CON ABEL,  de Carilda Oliver Labra

 

Miras, Abel,
sin ojos en la tierra.
Tu mirada viene de lo que no abandona la belleza.
Aquí está derramada
como cuidando el sesgo de tu isla,
la lucha del mar por sostenerla;
ayuda al balanceo de las palmas,
agrede nuestro miedo.
¿Quien le dice: párate;
quién la vuelve a esa cuenca desolada?.
Miras, Abel,
y se revuelve el hambre de los pobres.
Miras, y arde
la libertad de los hermanos secos,
enterrados a pulso
frente a los sinsontes.
Aquí convoco
tu córnea interminable
persiguiendo el mal con una lágrima,
la pupila
oráculo de tu hermana,
rebelde,
pariendo luz dentro del polvo.
Yo no me enluto,
yo no sollozo.
Yo oigo tu mandato
y me apoyo en ti como en un talismán,
como en un aire de yagrumas,
como en un himno.
Tú eres el único que ahora ve en las tinieblas,
porque aquí ya todos somos ciegos.
Danos tu mirada.
Es fuerte como la primavera del milagro.
Ampáranos con tu: ten mis ojos, Cuba.

 

2. CANCIÓN DEL ELEGIDO, por Silvio Rodríguez, DEDICADA A ABEL

Siempre que se hace una historia
se habla de un viejo, de un niño o de sí,
pero mi historia es difícil:
no voy a hablarles de un hombre común.
Haré la historia de un ser de otro mundo,
de un animal de galaxia.
Es una historia que tiene que ver
con el curso de la Vía Láctea.
Es una historia enterrada.
Es sobre un ser de la nada.

Nació de una tormenta
en el sol de una noche,
el penúltimo mes.
Fue de planeta en planeta
buscando agua potable,
quizás buscando la vida
o buscando la muerte
-eso nunca se sabe-.
Quizás buscando siluetas
o algo semejante
que fuera adorable,
o por lo menos querible,
besable, amable.

Él descubrió que las minas
del rey Salomón
se hallaban en el cielo
y no en el África ardiente,
como pensaba la gente.
Pero las piedras son frías
y le interesaba
calor y alegrías.
Las joyas no tenían alma,
sólo eran espejos,
colores brillantes.
Y al fin bajó hacia la guerra…
¡perdón! quise decir a la Tierra.

Supo la historia de un golpe,
sintió en su cabeza
cristales molidos
y comprendió que la guerra
era la paz del futuro:
lo más terrible se aprende enseguida
y lo hermoso nos cuesta la vida.
La última vez lo vi irse
entre el humo y metralla,
contento y desnudo:
iba matando canallas
con su cañón de futuro.

En un mundo de tanta injusticia, en donde el capital reprimía a muerte a quien osase desafiarlo, cualquier acto de rebeldía era un grito de libertad.

 

El 26 de julio en Cuba representa la continuación del proceso que habían iniciado Céspedes y los mambises, que Martí había abonado con su pensamiento y su sangre, y que culminaría con el triunfo de la Revolución y la construcción del primer proyecto socialista en  América Latina.

 

Es la gesta heroica del primer intento de Fidel Castro por hacer algo más.

 

Era una época en que las fuerzas democráticas,- peleándole el espacio a las burguesías locales,- llegaban a Asambleas o Congresos que no tenían en sus planes permitir ningún cambio en las estructuras que pudiesen afectar a las clases dominantes. Cuando la situación se tornaba “peligrosa”, esas clases dominantes disolvían los Congresos e imponían dictaduras. En Ecuador, después de la Gloriosa trajeron a Velasco Ibarra para que se encargara de apagar cualquier fervor libertario.

 

Fidel y Raúl habían observado esa evolución.

En América Central,- y otras partes del continente,- las grandes corporaciones como la United Fruit Co., en nombre y apoyo de su gobierno, abiertamente operaban junto a las embajadas controlando que no se generasen los más mínimos intentos de pensar diferente a ellos. El slogan de los Estados Unidos era de que no permitirían se afecten sus intereses en cualquier lado del mundo. Peor en su patio trasero. Las petroleras estadounidenses trazaron los límites, repartiéndose el Oriente del Ecuador, en un conflicto que posiblemente ellos mismos alentaron.

 

El gobierno de los Estados Unidos apoyaba a las fuerzas más retardatarias de cada país. En Colombia estuvieron de lado de la represión al levantamiento causado por el asesinato del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán. Fidel y Raúl estuvieron en Bogotá y observaron  la evolución y desenlace del proceso.

 

En casi todos los países, los Estados Unidos mantenían a gobiernos que estaban francamente de su lado. Si era necesario instalaban dictaduras con militares o civiles populistas que distraían las demandas populares, como Somoza en Nicaragua o Batista en Cuba. Velasco Ibarra en Ecuador nunca llegó a aterrizar en la realidad y se preciaba de “tener la razón en la derecha y su corazón en la izquierda”. Se puede decir que tal situación no ha cambiado hasta ahora, cuando se instalan gobiernos populistas sin ideología definida, que dicen que son de izquierda o de derecha,- según les convenga,- y lo que hacen es enriquecer su bagaje personal y distraer al pueblo de sus  legítimas aspiraciones.

 

Después de haber estudiado y meditado, de haber agotado las vías electorales y de haber constatado el golpe de Estado, Fidel llegó al convencimiento de que una acción revolucionaria de alto riesgo podía despertar la conciencia popular y se podía convencer y motivar al pueblo para participar en un levantamiento contra la opresión.

 

Los líderes del movimiento entendieron que Cuba era el país en donde abundaban las razones para esperar el apoyo popular a un proceso libertario. Ahí estaba la dictadura sanguinaria que reprimía cualquier  intento de protesta, que tenía al país entregado a los Estados Unidos. Sus casinos en la Habana funcionaban con turistas del país del Norte, especialmente en las noches con  vuelos chárter que llevaban a los turistas desde Miami en las primeras horas de la noche y los retornaban al amanecer, después de haber disfrutado del juego, las mujeres y el alcohol. Los casinos eran de su propiedad. Sus hermosas playas eran privadas, en donde no se permitía el ingreso de negros, y sus ingenios azucareros, que eran privados también, les pertenecían en su mayoría. Cuba no era de los cubanos.

 

Es más, todos sentían que el gobierno no gobernaba para ellos. El gobierno defendía el interés de la gente del Norte.

 

Al preparar la gesta libertaria, Fidel sintió que era el momento oportuno para lograr que el pueblo se levantara. Necesitaba un empuje, un ejemplo. Consideró que eso se podría dar con la toma de un cuartel militar: del Moncada en Santiago de Cuba y del Manuel de Céspedes en Bayamo, y el posterior levantamiento popular. Mucho se ha escrito sobre el asalto al Moncada; sobre cómo Fidel y su gente se sacrificó, los que se salvaron de la represión y los que fueron indultados.

 

Fue un intento de liberación. Un grito de libertad. Pese a constituir una derrota militar, la acción se consideró exitosa, puesto que significó una tremenda victoria política, con el aparecimiento de un movimiento basado en un verdadero programa revolucionario, que catapultó los ideales de independencia, justo al cumplirse el centenario del Apóstol de Cuba- José Martí.

 

La gente que fue parte de esta proeza,- escogidos prolijamente entre las clases humildes: obreros, campesinos, empleados, profesionales modestos,- que sirvió para la creación del Movimiento 26 de Julio, se agrupó y aprendió. La lucha debía ser en medio del pueblo, que se uniría al comprender que se luchaba por sus intereses. Y lo hicieron después cuando desembarcaron en el Granma y comenzaron la batalla final desde la Sierra Maestra.

 

Porque las revoluciones triunfan únicamente cuando el pueblo las siente que son suyas.

Nuestro pintor ecuatoriano Oswaldo Guayasamín plasmó varios retratos del líder de la Revolución Cubana

EL ASALTO AL CUARTEL MONCADA

26 de Julio de 1953

El 26 de julio de 1953 fuerzas del pueblo revolucionario cubano, preparadas y dirigidas por Fidel Castro, asaltaron los cuarteles de Moncada, en Santiago de Cuba y Juan Manuel de Céspedes, en Bayamo. Este sería el inicio de la gran gesta libertaria que culminaría con el triunfo de la Revolución el 1 de enero de 1959. Estos hechos han sido registrados en la historia de la Isla como el Día de la Rebeldía Nacional.

 

Después del golpe de Estado perpetrado por el coronel Fulgencio Batista en marzo de 1952, y en medio de la más cruel dictadura, los miembros del movimiento habían preparado la asonada cuidadosamente, en la clandestinidad. Era un periodo caracterizado por la represión, la violencia, la persecución y el empeoramiento de las diferencias sociales.

 

El 28 de enero de 1953, fecha en la que se celebraban los 100 años del nacimiento de José Martí, un grupo de jóvenes decidió perennizar el legado de la Guerra Continua proclamada por el Héroe Nacional Cubano. Fidel se había preocupado de entrenar para el combate hasta mil jóvenes militantes. De ellos, serían finalmente seleccionados sólo 165, debido a la condiciones de seguridad y disponibilidad de armas.

 

El plan fue elaborado y se llevó a ejecución en absoluto secreto. Además de Fidel, solamente lo conocían dos compañeros de la dirección y su responsable en Santiago de Cuba. Los demás sabían que se iba a realizar un combate decisivo, pero ignoraban cuál era exactamente. La organización del movimiento tenía carácter de “células” y durante los preparativos fueron observadas estrictas normas de seguridad, como exigía el momento y el carácter de la operación.

 

Había dos Comités de Dirección: uno militar, al mando de Fidel, y otro civil, dirigido por Abel Santamaría. Por orientaciones de Fidel, sus miembros se habían reclutado de entre las clases y sectores humildes de la población: obreros, campesinos, empleados, profesionales modestos. Eran hombres y mujeres preferentemente jóvenes, ajenos a toda ambición, no infectados por el anticomunismo ni por las lacras y vicios de la política tradicional. Bien se puede decir que eran los mejores elementos de la juventud cubana, dispuestos a sacrificarlo todo por una causa noble.

 

Durante el mes de febrero, los protagonistas de la insurrección realizaron los entrenamientos de tiro, organizados en diferentes fincas de La Habana, y consiguieron confeccionar los uniformes del Ejército con los que se vestirían para entrar en las zonas militares sin despertar mayor sospecha.

 

En junio, la granja Siboney, cerca de Santiago, un viejo hospedero en Bayamo y dos casas de la ciudad, fueron el refugio de los futuros combatientes. La noche anterior a los hechos, Fidel Castro distribuyó a los hombres en tres grupos: el primero en el que él mismo iría al frente atacaría el cuartel Moncada, el segundo al mando de Raúl Castro tomaría el Palacio de la Justicia, y el tercero, a cargo de Abel Santamaría, ocuparía el Hospital Saturnino Lora, a donde trasladarían a los heridos.

 

En la madrugada del 26 de julio en la Granja Siboney se leía contundentemente el Manifiesto del Moncada, escrito por Raúl Gómez García. Después de cantar el Himno Nacional, partían tres grupos de jóvenes armados (un total de apenas 131 hombres) para la toma del Moncada. Fidel tomó la palabra:

 

"Compañeros: Podrán vencer dentro de unas horas o ser vencidos; pero de todas maneras, ¡óiganlo bien, compañeros!, de todas maneras el movimiento triunfará. Si vencemos mañana, se hará más pronto lo que aspiró Martí. Si ocurriera lo contrario, el gesto servirá de ejemplo al pueblo de Cuba, a tomar la bandera y seguir adelante”.

 

Los grupos de Raúl Castro y Abel Santamaría lograron asaltar los edificios colindantes al cuartel, pero un accidente hizo que el grupo de Fidel no lograra tomar la fortaleza. Los jóvenes patriotas lograron una buena ofensiva y causaron al ejército treinta bajas, de ellas once muertos y diecisiete heridos. Pero el Moncada acogía en su interior a más de mil soldados, de modo que los revolucionarios optaron por retirarse, tras un combate de cerca de dos horas. 

 

En caso de no poder tomar el cuartel, la consigna era retirarse a Siboney para, y desde allí, procurar llegar a las montañas de la Sierra Maestra y proseguir la lucha. Pero tampoco la retirada resultó de manera satisfactoria. 

 

Tras la derrota, hubo una gran represión y crímenes cometidos por la dictadura batistiana. Fueron torturados, masacrados y asesinados 70 jóvenes, fuera de combate, como una muestra de la barbarie y mentalidad gansteril de la dictadura.

 

Pese a la derrota en el plano militar, la hazaña histórica del 26 de julio de 1953 marcó el inicio de sucesos que cambiaron el rumbo de una nación entera. La grandeza de esta histórica hazaña trascendió las fronteras patrias e inició una nueva era en América Latina.

 

A la luz de los acontecimientos, “la Revolución Cubana, que sobrevive y resiste hasta el día de hoy pese a todos los intentos de destruirla, es el resultado de la acción consciente y consecuente ajustada a las leyes de la historia de la sociedad humana”,- dijo Fidel Castro en una ocasión refiriéndose a la gesta del Moncada. En la prédica revolucionaria de José Martí estaba el fundamento moral y la legitimidad de la acción armada.

 

En su alegato histórico “La historia me absolverá”, Fidel expresó: “…De igual modo se prohibió que llegaran a mis manos los libros de Martí; parece que la censura de la prisión los consideró demasiado subversivos. ¿O será que yo dije que Martí era el autor intelectual del 26 de Julio?”

 

Cuando fueron detenidos, Fidel fue separado del resto de sus compañeros. Su juicio se celebró en una pequeña sala del Hospital Saturnino Lora. Era 16 de octubre de 1953 y, en la autodefensa, pronunció su alegato final, el cual enseguida se convirtió en el programa político del nuevo movimiento revolucionario de Cuba: la lucha desde y para los sectores populares.

 

"En cuanto a mí, sé que la cárcel será dura como no lo ha sido nunca para nadie, preñada de amenazas, de ruin y cobarde ensañamiento, pero no la temo, como no temo la furia del tirano miserable que arrancó la vida a setenta hermanos míos. Condenadme, no importa, la historia me absolverá",- expresa el último párrafo de la defensa del comandante Fidel Castro.

 

 Al igual que sus compañeros, Fidel permaneció en la cárcel hasta el 15 de mayo de 1955. Una vez que fue puesto en libertad, creó la organización político-militar Movimiento 26 de Julio, en que militaban ya Haydee Santamaría (hermana del asesinado Abel), Melba Hernández, Vilma Espín y muchos otros, y a la cual se uniría en Méjico el Che Guevara. En diciembre de 1956 un grupo de 82 guerrilleros se embarcaron en México en el Yate Granma para llegar al Oriente cubano, en un nuevo intento libertador. Tras un mal comienzo con numerosas bajas, un grupo de apenas 20 personas (semilla del Ejército Rebelde) consiguió instalarse en una base guerrillera en la Sierra Maestra. Esta fue la última etapa de la lucha y revolución,- que había empezado el 26 de julio de 1953,- que derrocó a la dictadura en la grandiosa victoria del 1 de enero de 1959.

 

 

Con notas tomadas de Noticias y Cubadebate.cu.

Quito, Julio de 2019

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Fidel Castro, organizador del asalto al Cuartel Moncada.

Fidel con Ñico López, Abel Santamaría y José Luis Tassende en la Finca Santa Elena, en Los Palos, donde hacían prácticas de tiro antes de ir al asalto al Cuartel Moncada.

¿POR QUÉ CUBA CELEBRA EL 26 DE JULIO?

Sobre ciertos hechos históricos puede haber interpretaciones a posteriori que muestren un análisis objetivo y en proyección, y que permitan sacar conclusiones importantes, útiles a la vida de los pueblos. Tal ha sucedido, por ejemplo, con el caso de la Campaña Admirable de Simón Bolívar, sin cuya presencia es imposible comprender la tenacidad del Libertador y su importancia para la lucha de liberación de esta parte de América.

El mismo caso tiene lugar cuando, en la historia de Cuba, se toca el tema de la toma del Cuartel Moncada. Es imposible dejar de ligar este acontecimiento a toda la historia de liberación de la Mayor de las Antillas: la de antes y la de después del evento.

El Moncada representa, a la vez, la presencia de José Martí y la tenacidad de Fidel, la continuidad de la lucha de todo un pueblo.

 

Es a partir de la frustrada acción que se consolida el programa revolucionario- recogido en el folleto que se publicó con el título de La Historia me Absolverá y que se difundió como reguero de pólvora. Sin ese programa ideológico-político hubiera sido impensable aglutinar y convocar a la lucha a las más amplias capas de la sociedad. Un caso similar tuvo lugar, antes, en la lejana Rusia, cuando Lenin advirtió: sin la vanguardia revolucionaria es imposible la revolución, tal como es impensable una revolución verdadera sin una teoría revolucionaria.

 

Por su parte, la estrategia de la lucha armada tomó fuerza, precisamente a partir de la asonada al cuartel Moncada. Tenía sus raíces en la lucha armada que había propugnado en su momento José Martí, pero debía cobrar un nuevo impulso. Independientemente del fracaso militar del momento, la acción sirvió de motor, bajo el liderazgo de Fidel, para mover a la vanguardia político- revolucionaria del pueblo, en especial sus elementos más jóvenes.

 

Se destaca, en este marco, el carácter del movimiento, en el que participa esencialmente el pueblo humilde. Así se plantearía también luego, cuando se definió que “esta era una revolución del pueblo, con el pueblo y para el pueblo.” Se destacaban claramente las medidas que el pueblo aspiraba a llevar a la práctica: solución a los problemas de la tierra, del desempleo, de la industrialización, de la vivienda, la salud y la educación. Se elevó el nivel de conciencia y de unidad, convocando a la lucha al movimiento estudiantil y obrero, y enfatizando en el proceso continuo de aprendizaje de la Historia. Después de la cárcel, con la liberación de Fidel y sus compañeros, quedaba potenciada la continuación del combate por la definitiva independencia.

 

Con enorme apoyo popular en el interior de la Isla, desde México, hacia donde habían partido casi dos años después de la gesta del Moncada, Fidel y el Movimiento 26 de Julio cobraron más fuerza y organización. Desde allí volvió y condujo magistralmente la continuidad de la Guerra Necesaria concebida por José Martí, hasta la victoria del Primero de Enero de 1959.

 

Desde entonces, el pueblo recuerda cada año con patriotismo el inicio de la etapa de independencia definitiva. He ahí algunas de las razones por las que en Cuba se celebra el 26 de julio- Día de la Rebeldía Nacional.

Uno de los combatientes del Moncada, torturado y asesinado por la dictadura, (después sería presentado como muerto en combate), fue el joven poeta Raúl Gómez García (La Habana, 14 de diciembre de 1928, Santiago de Cuba, 1953). Se encargó de escribir el Manifiesto del Moncada. El tercer párrafo del documento recoge una parte de los versos emocionados del poeta, que presentamos a continuación:

Ya estamos en combate

¡...........................!
Por defender la idea de todos los que han muerto.
Para arrojar a los malos del histórico Templo
Por el heroico gesto de Maceo,
Por la dulce memoria de Martí.

En nuestra sangre hierve el hado azaroso
De las generaciones que todo lo brindaron,
En nuestros brazos se alzan los sueños clamorosos
Que vibran en el alma superior del cubano.
Ya estamos en combate......

En nombre de las madres y de los hijos de nuestra tierra heroica
En nombre del honor y del decoro que construyó su historia
Por la estrofa magnífica del himno
«Que morir por la patria es vivir»

La libertad anida entre los pechos de los que viven hombres
Y por verla en la estrella solitaria es un honor luchar
A la generación del centenario le caben los honores,
De construir la patria que soñara el Maestro Inmortal.
Ya estamos en combate......

¡Adelante!

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